Haití, un país sin control alguno, podría ser la piedra de choque de una eventual crisis política y social dominicana y que no se resolvería con llamados de auxilio a la comunidad internacional. Mientras, la reelección entretiene

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Cada día es más que evidente que la situación de anarquía general en el país transfronterizo, no solo que se agranda, sino que llega a niveles inimaginables en perdida de la gobernabilidad y al extremo, de que el primer ministro de facto Ariel Henry pretendiendo llegar a su país desde Argentina en donde estuvo en una cumbre regional y dándose un momento de que policías armados penetraron al aeropuerto internacional de Puerto Príncipe para impedirlo.

Al mismo tiempo, otro grupo de policías trataban de penetrar a la residencia privada del gobernante y lo que hicieron a tiro limpio y tratando de arrasar con todo lo que se encontrara a su paso y no lográndolo, porque a diferencia del asesinato del presidente Jovenel Moïse, la tropa que protege la residencia enfrentó a los alzados y estos debieron de retirarse.

Paralelamente, siete policías fueron asesinados por pandilleros en el Departamento de Artibonito, igual tres mas en la capital del país, añadiendo de ese modo diez muertos en menos de dos semanas, en tanto en todo el año 2022, 55 policías fueron asesinados.

Haití cada día y como lo confirma un reporte periodístico: Son constantes “los ataques armados, la multiplicación de los secuestros, los robos y las violaciones”, que curiosamente solo padece la población, mientras sorprendentemente, los haitianos de clase media hacia oligarquía no son afectados directamente y por el secreto a voces de que los pandilleros, cuando no son pagados por los ricos, estos son extorsionados constantemente.

En razón de esta situación, que de suyo es una amenaza y grave para la seguridad nacional dominicana, aquí realmente no se está viendo absolutamente nada preciso y tampoco coordinado de nuestras fuerzas militares en la frontera común, mientras desde la dirección de Migración se realizan los espectáculos hirientes de tropas de civil apresando haitianos transeúntes a los que el sistema legal dominicano aparenta no tener capacidad de respuesta legal para los miles de repatriados o deportados que cada vez son tirados a la jungla que se ha convertido su país, en tanto los militares criollos, parecería, que más se ocupan de extorsionar  a lo largo de la franja fronteriza, que realizar un trabajo efectivo de preservación de la parte de la República en la que se inicia el territorio nacional.

Solo hay que ver los miles de millones de pesos que constantemente el gobierno facilita a la cartera militar para que no falten recursos y con miras de impedir, que cualquier día se pudiera generar una poblada dirigida por pandilleros armados y teniendo de escudos protectores a miles de haitianos hambreados, para que se entienda, que tampoco nuestras autoridades de uniforme no están haciendo lo que les corresponde y es su responsabilidad.

Mientras, el gobierno y a través del presidente Luis Abinader se desgañita en el escenario internacional solicitando que se ayude y proteja a la nación haitiana enviando fuerzas militares de paz y recibiendo la callada por respuesta, al tiempo que EEUU dice que ya no puede hacer más de lo que ha hecho, la Unión Europea se lava las manos y las naciones vecinas en la región, todas miran hacia otro lado y no asumen la responsabilidad que les marca la Primera Cumbre de Las Américas, en lo relativo a que si un país es victima de un agravamiento de su seguridad, todos los demás países firmantes del Tratado deben de ir en su auxilio.

En realidad, todo esto ocurre, porque la especie de “alianza pública-privada” de la oligarquía y la clase media haitianas con sus pares dominicanos y ya entroncadas con la parte suya en el primer gobierno plutocrático dominicano, ciertamente que procuran crear las condiciones para que el Haití destruido y fallido institucionalmente, se convierta en la herramienta, palanca o pivote, que toda esa oligarquía y clase media mixtas binacionales, utilicen y generen las condiciones de posible ingobernabilidad, que facilite las cosas, para que entonces sí ocurra la intervención militar humanitaria internacional, pero para los dos países que componen la misma isla y por el temor estadounidense, de que si la guerra en Europa aumenta en violenta escalada, el Comando Sur pueda acantonarse al mismo tiempo en los dos países y para generar una base de operaciones de mas de 75 mil kilómetros cuadrados que le permita a EEUU lidiar con los efectos de la guerra en el Caribe central y que sería submarina preferentemente y de misiles en su parte aérea y como sabemos que hay iniciativas y mapas preparados  para ejecutar tan pronto ello fuera necesario.

Lamentablemente, parecería que nadie en este país utiliza la cabeza para pensar y sí solo para peinarse y debido a ello, en el gobierno y menos en algún sector pensante, no se han desarrollado un criterio uniforme de que hacer y tanto frente Haití como a las reacciones militares de ocupación a gran escala estadounidense y las que terminarían por provocar, que eventualmente los dominicanos debamos enfrentar, realizar y protagonizar, una guerra de guerrillas en dos frentes.

Así las cosas y en lo que el hacha va y viene, la clase gobernante dominicana no presta atención a la geopolítica regional, los políticos solo están metidos en su incansable cháchara de ver como se continúan engañando unos a otros, el empresariado, ocupado más en saquear el patrimonio nacional, en tanto las fuerzas vivas se encuentran anestesiadas por la corrupción rampante y las formas de vidas más frívolas y de conducta abiertamente prostituida e incentivada por ese turismo depredador sexual que aquí se le han abierto las puertas de par en par, mientras la juventud, “la esperanza del futuro”, se encuentra entre el perreo, el dembo y la droga  y las mil formas posibles de degradación humana más perversas y lo peor, todo esto bendecido por los maleados y prostituidos agentes de la cruz católica y las tantas “iglesias cristianas” de conducta mucho peor y avivadas a la distancia por la penetración ágil y sostenida de ese islamismo y sus mezquitas, que todavía no ha descubierto su verdadera cara, más la invasión incesante de esa inmigración criolla de matriz estadounidense y con sus banderas de lavado de activos, narcotráfico y asesinato por encargos y sus pretensiones de que nuestra República se fusione con EEUU.

De ahí que advirtamos, que Haití, un país sin control alguno, podría ser la piedra de choque de una eventual crisis política y social dominicana y que no se resolvería con llamados de auxilio a la comunidad internacional. Mientras, la reelección entretiene. (DAG)