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IX Cumbre de Las Americas, matizada por ausencias, propias de la inestable relación emocional afectiva entre EEUU y determinados gobiernos latinoamericanos y que están establecidas desde el 1994

Al contrario de lo que otros entienden, pensamos, que las ausencias de los presidentes-autoritarios de Venezuela, Nicaragua y Cuba de la IX Cumbre de Las Americas que hoy se inicia en California, EEUU y si se mira desde el aspecto extrañamente ideológico, se verá, que en realidad su exclusión tiene que ver con el amplio prontuario de desenfrenado antiyanquismo casi histérico y propio de la desaparecida Guerra Fría que esos gobernantes y sus gobiernos han mantenido a lo largo de los años.

Es decir, e independientemente de que desde Washington siempre se ha entendido que la América Latina y las naciones caribeñas son algo así como su patio trasero y tanto, que, en tiempos de guerra globales, como cuando la Segunda Guerra Mundial, ninguna de ellas dejo de colaborar o ser hasta parte emotiva de las naciones aliadas contra el nazismo alemán y el fascismo italiano y japonés. Lo cierto es, que dado el papel rector que EEUU se auto impuso desde la aplicación de su Doctrina Monroe de una “América solo para los americanos”, ninguna nación o pueblo al sur del Rio Grande consideró otra idea mejor que no ser aliada del creciente imperio estadounidense, en aquel tiempo, ya en gestación.

Lamentablemente, la ambivalente política estadounidense dirigida por funcionarios guerreristas y detrás, con una burocracia incapaz de elaborar políticas cónsonas con la realidad de este Continente, fue el factor que hizo posible, que la llamada  “izquierda latinoamericana” (abigarrado concepto cuasi ideológico de latinoamericanos de origen europeo y arraigados en países de tierra firme del continente y no necesariamente en las islas-estados caribeñas) tomara un derrotero, en principio fascistoide y luego comunista, que dado las emociones a flor de piel de los políticos y gobiernos “progresistas” de aquel entonces, chocaba con los gobiernos militares de raíz ideológica de derecha pro estadounidense en el Caribe Central como en otras islas-estados del Caribe Oriental.

A partir de esa diferencia, llamémosla “conceptual” y también por el grado de insensatez de quienes diseñaban las políticas estadounidenses en el Departamento de Estado, la Casa Blanca y el Pentágono, este continente terminó dividido entre los gobiernos y naciones blancos y aborígenes que entendían y miraban con cierto dejo de altanería a las naciones y gobiernos tropicales de personas predominantemente negras o mulatas y esto con la excepción de Brasil y la parte negra de Venezuela y Colombia.

De esta forma y con el invento de la prensa estadounidense, de la llamada “revolución cubana de Fidel Castro” se creó un monstruo propagandístico totalmente falso y el que sirvió de pretexto, para que gobiernos como los de Eisenhower y Kennedy, entendieran y de ilusos, que para evitarse problemas mayores con los progres de su propio país, tenían que acabar con gobiernos como el de Guatemala de Jacobo Árbenz, el cubano de Fulgencio Batista y el dominicano de Rafael Trujillo y de paso, colocando a Haití como una especie de fideicomiso privado dirigido por administradores coloniales de turno y hasta que Washington encontró a su nuevo gendarme: Francois Duvalier.

Hablamos entonces, que con el llamado “triunfo” de Fidel y su revolución de tres o cuatro choques y un mayor tiempo de escaramuzas (menos en la creencia del pueblo estadounidense, cuya prensa le hacía ver todo lo contrario y por lo tanto, obligaba a Washington a modificar una política de bloques militares de derecha) es que en el Continente surge con fuerza propia la Guerra Fría, que los aliados habían creado a resultas de la derrota nazi y las potencias del Eje y ahora con el propósito de entablar una lucha física e ideológica a muerte contra la entonces Unión  de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Debido a esa situación, para Washington, la Cuba de Fidel era más interesante como posible aliada, que sus antiguos aliados en Guatemala, la misma Cuba con Batista y República Dominicana y de ahí, que entonces la CIA se empleara a fondo para desembarazarse de lo que ya se entendía un escenario de “gobiernos militaristas de derecha anticomunista retrógrados”, concepto y política creados por el mismo Washington.

Por eso y como antecedente histórico y sí se toma en cuenta todo lo anterior, se entenderá el por qué la Conferencia Interamericana de Punta del Este entre los días 12-14 de abril de 1967 no pudo ofrecer posteriormente resultados políticos ciertos y en base a su propósito de: “Perfeccionamiento y fortalecimiento de las instituciones democráticas. Aceleramiento del desarrollo económico y social a fin de conseguir un aumento sustancial y sostenido del ingreso por habitante. Ejecución de programas de vivienda en la ciudad y en el campo. Impulso de programas de reforma agraria”. Por la parte dominicana estuvo el presidente Joaquín Balaguer y por el lado estadounidense, el presidente Lydon Jhonson.

Paradójicamente y de aquellos países allí representados, República Dominicana fue la única nación que avanzó por esfuerzo propio y visión desarrollista de su presidente y como se comprobaría con los años siguientes y hasta que se llega a la primera conferencia de las Americas (9-11 diciembre de 1994) inaugurada en la ciudad estadounidense de Miami y en la que EEUU fue representado por el presidente Bill Clinton y República Dominicana por Joaquín Balaguer.

La Declaración de Principios y el Plan de Acción que fue firmada por los 34 Jefes de Estado y de Gobierno allí reunidos y si se busca su propósito original, se verá que en la reunión se redactó una Declaración de Principios y un Plan de Acción, recalquémoslo, que fueron firmados por los 34 Jefes de Estado y de Gobierno participantes. Es importante destacar, que esta fue la primera Cumbre donde todos los líderes habían sido elegidos en forma democrática, y la primera que incluyó a Canadá y las islas Estados del Caribe.

Esa Declaración de Principios estableció “un pacto para el desarrollo y la prosperidad basado en la preservación y el fortalecimiento de la comunidad de democracias de las Américas. El objetivo del documento fue expandir la prosperidad a través de la integración económica y el libre comercio; erradicar la pobreza y la discriminación en el Hemisferio y garantizar el desarrollo sostenible y protección medio ambiente”.

Al leer el texto anterior, se entiende, que el presidente Joe Biden no viola ninguna disposición que ya no este consagrada en la primera cumbre y en cuanto a que gobiernos no democráticos, lo deseable fuera que no participaran en la misma. Por lo tanto, la exclusión de los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua se corresponde de pleno derecho a lo establecido en el 1994 en cuanto a que las cumbres solo eran para gobiernos democráticos.

Y como ocurrió con los resultados en el tiempo de la conferencia de Punta del Este en el 1967, en esa nueva de la Primera Cumbre de las Americas en el 1994 y en el discurrir del tiempo, República Dominicana volvió a destacarse en su evolución democrática y desarrollo económico y muy por encima de sus iguales del Continente, primero bajo la dirección del presidente Joaquín Balaguer y luego, por el seguimiento que le dieron a sus políticas desarrollistas, los presidentes Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina y como se está viendo, va en la misma dirección el presidente Luis Abinader.

Abinader, por lo tanto, va la nueva cumbre y con la autoridad moral que le da ser el presidente de la única nación suscribiente de la conferencia de Punta del Este y la siguiente primera cumbre de las Americas de Miami, que cumplió plenamente con los objetivos de ambas cumbres y lo que la delegación dominicana debería destacar.

 Como dato curioso, también hay que mencionar que para la Primera Conferencia Internacional Americana que se celebró en Washington DC entre el 2 de octubre de 1889 y 19 de abril de 1890. “Todos los gobiernos del hemisferio, salvo República Dominicana asistieron” y de acuerdo con registros de esta.

En consecuencia, debemos decir que la IX Cumbre de Las Americas, matizada por ausencias propias de la inestable relación emocional afectiva entre EEUU y determinados gobiernos latinoamericanos y que están establecidas desde el 1994, correspondiendo en su esencia, a lo que ya ha sido política democrática establecida por los países y gobernantes firmantes y que debe recordarse. (DAG)

 

 

 

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