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La maldad de muchos dominicanos es vergonzosa. De hipócritas alabaron a Marileidy al ganar los 400 metros femeninos, pero ignoraron a Gabriel Moronta, quien ganó en los 400 metros masculinos. ¡Ha periodismo de desalmados este!

Es increíble, en vez de sentirse orgullosos de como nuestros atletas eran exitosos y ganando medallas gracias a sus grandes esfuerzos y preparaciones, aquí habían muchos y rogando, porque la corredora olímpica Marileidy perdiera la carrera en la que un espectador desaprensivo lanzara un objeto para que la afectara a ella o a otra atleta, mientras a su igual masculino, Gabriel Moronta, el matutino LD publicaba y de abusador, que ganaba “una inesperada” medalla de oro y como aviso para que nadie de los medios le entrevistara y tal  como en efecto ha sucedido.

Semejante actitud y comportamiento tan surrealista y para no decir una grosería, demostró la terrible crueldad y envidia y resentimiento y hasta odio hacia el triunfo ajeno que caracteriza a muchos dominicanos y quienes en estos casos, no perdonan que atletas de raza negra e hijos de pueblo y residentes en los barrios periféricos de las ciudades y provenientes de núcleos familiares compuestos por ciudadanos de a pie, pudieran ser ellos los grandes protagonistas de estos éxitos deportivos que deberían llenar de orgullo a toda la nación.

En realidad, la mayoría no se identifica con ninguno de estos atletas, los discriminan por raza y origen familiar y de tan equivocados, que solo se sienten a gusto cuando el atleta es de raza blanca y rubia y mucho mejor si el apellido “suena” a sajón, eslavo del norte de Europa y ni hablemos del comportamiento a lo bestia, de tantos que discriminan y hasta odian a los atletas de origen haitiano y para nada quieren entender  y este el gran mérito de los juegos panamericanos 2026, que los dominicanos hemos tenido que descubrir, que fuera de los dominicanos que aparecen en los medios de comunicación, hay muchos otros, millones, hijos de inmigraciones de 100 años atrás y la mayoría provenientes de Haití o de las islas Vírgenes y también de las Antillas orientales y ahora lo nuevo, de los hijos de inmigrantes dominicanos que abandonaron el país para la década de los años sesenta y ya para los noventa, la mayoría se habían nacionalizado de otros países y principalmente de EEUU  y veinte años después comenzaban a llegar los hijos y la mayoría acomplejados y drogadictos, pretendiendo que se les considerara más ciudadanos que los dominicanos que no han cambiado de nacionalidad.

Y aquí la gran diferencia en las dos inmigraciones y nos referimos a la haitiana y a la estadounidense. La primera trata de adaptarse a las costumbres dominicanas y la mayoría lo consigue y sobre todo los que forman familias con dominicanos, pero los de origen estadounidense es un desastre, nos ven como inferiores y para colmos, entienden que nuestra nación debe desaparecer como país soberano e independiente y ser parte de EEUU como estado asociado.

Ese tipo de detalle, lo vivimos en las jornadas de los juegos panamericanos en materia de transmisión radial o televisiva, los narradores se esmeran al mencionar un atleta que tenga un apellido que les recuerde a cualquiera estadounidense y cuando se trata de un dominicano cuyo apellido les parece haitiano, hacen como que se confunden y al mismo tiempo, aprovechan para denostar a ese tipo de atleta más criollo y lo más significativo, que el “choque cultural” ocurre con narradores negros o mulatos. Chequéese el trato que se le dispensa a Marileidy (dos medallas de oro) y el que se le ofrece a Liranyi Alonso (cuatro medallas de oro) y para que se compruebe el trato desigual.

De esta forma, quienes llegamos a este tipo de observaciones, nos damos cuenta de que la mayoría de los dominicanos nacidos desde la mitad del 1961 en adelante, son un amplio grupo de ciudadanos sin formación de hogar, prejuiciados, enormemente racistas, vagabundos en el hablar y relajados en sus costumbres y por eso el dominicano de ahora es plebe, mal educado sin apego a la mínima moralidad y siempre lamentándose de “haber nacido aquí”.

Y todo esto es lo que tantos estamos viendo y comprobando en estos días de estos juegos y ni que decir, que todos sentimos vergüenza ajena por tales comportamientos tan alejados de la tradicional educación de hogar dominicana y que rigió a todos los nacidos entre los años 1915 al 1955 principalmente.

Realmente, lo que se aprende de todo este ámbito de discriminación, envidia y odio, es que si Dios no mete su mano, los dominicanos de ahora y los que nazcan hoy y en el 2044 tengan 18 años, serán peores en costumbres y educación que la mayoría de los pésimos dominicanos actuales, amantes de los teteos, la ingesta de drogas, los subsidios oficiales y vivir del otro y esto de mediana clase media hacia pueblo, pues de clase media hacia la burguesía, la depredación moral que allí existe y donde tantos se hacen ricos saqueando el erario y los dineros de los contribuyentes, metidos en el tráfico de influencias, la evasión fiscal, etc., ante semejante escenario, lo único que puede decirse, es que la República ha retrocedido sesenta años y lo que hace difícil y para no hablar de imposible, que pudiera recuperarse moralmente y con civismo  y comportamiento decente y de buena educación.

Precisamente por ello y al ver ayer el grosero comportamiento que describimos, entendimos que debíamos hacer esta crítica y para ver si por vergüenza, a quienes les llegue este análisis político de Estado, se den cuenta de parar y recomponerse, porque la verdad, muchos dominicanos ya ni nos conocemos.

Recalquémoslo, la maldad de muchos dominicanos es vergonzosa. De hipócritas alabaron a Marileidy al ganar los 400 metros femeninos, pero ignoraron a Gabriel Moronta, quien ganó en los 400 metros masculinos. ¡Ha periodismo de desalmados este! Con Dios. (DAG) 07.08.2026

última actualización: 10:38 am.

 

 

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