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La ‘superdroga’ que los nazis daban a sus soldados en la II Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, las batallas duraban días, semanas o, incluso, meses. Un tiempo en el que los soldados debían permanecer alerta, en muchos casos sin dormir, y arrastrando el cansancio acumulado por campamentos en los que pasaban penurias y sin tener acceso a ningún tipo de lujos. Pero, ¿cómo conseguían que no cayeran rendidos?

Un documental ha dado con la solución: se llama ‘Secretos de la Muerte: drogas de la Guerra Mundial’ y se estrena este martes en la PBS, la red de televisión pública de los Estados Unidos. Ahí se destaparán datos hasta ahora desconocidos por el gran público sobre el uso de drogas en ambos bandos, tanto en el del ejército alemán como en el de los aliados.

Los responsables del documental han explicado a LiveScience que el uso de drogas estaba sistematizado en la guerra bajo el nombre de "carrera de armamentos farmacéuticos". Con esos medicamentos conseguían que los soldados actuaran más allá de los límites normales, pero los responsables del ejército no midieron el impacto que el uso de drogas tendría entre sus tropas a largo plazo.

Las drogas nazis

Los nazis usaron una metanfetamina llamada Pervitin. Según explica el historiador James Holland, los científicos alemanes experimentaron con ella antes de la guerra, administrándosela a los estudiantes para ver cuánto tiempo podían estar despiertos y seguir rindiendo correctamente en los exámenes. Pero, además, se comercializaba como un “estimulante recreativo” durante los años 30.

En la Segunda Guerra Mundial se administró el Pervitin a los soldados de primera línea, pero también a los pilotos de la Luftwaffe, que afrontaban largas misiones para bombardear objetivos británicos. El objetivo es que no se quedaran dormidos en el viaje y para ello recurrieron a enormes cantidades de metanfetamina.

Un estudio de la Oficina de Guerra británica recogido en 2011 por el historiador Nicolas Rasmussen en The Journal of Interdisciplinary History reveló que sólo durante los tres meses que duró el Blitzkrieg, el ataque sin descanso de los bombarderos alemanes sobre el Reino Unido entre abril y junio de 1940, se enviaron 35 millones de tabletas de Pervitin al frente.

Los efectos de estas drogas eran tremendos: se decía que los soldados alemanes podían estar 10 días combatiendo y marchando sin dormir e, incluso, hay recortes de periódicos británicos de la época que hablan de paracaidistas nazis que saltaban "fuertemente drogados, intrépidos y enloquecidos".

Los británicos también drogan

En uno de los aviones de la Luftwaffe que las baterías antiaéreas inglesas consiguieron derribar se encontraron varias tabletas de Pervitin. Fue el pistoletazo de salida para que los químicos británicos comenzaran su propia carrera para dotar a sus soldados de drogas con las que hacer frente a sus rivales: ellos se decantaron por la ‘Benzedrina’, una de las primeras anfetaminas conocidas.

Para James Holland, no era tan peligrosa como el Pervitin, pero su uso también conllevaba riesgos: “Te impide dormir, pero no evita que te sientas fatigado. Tu cuerpo no tiene ninguna posibilidad de recuperarse de la fatiga que está sufriendo, por lo que llega un momento en el que sales de la droga y simplemente te colapsas, no puedes funcionar”.

Aunque su uso no mejoraba la fatiga, tanto británicos como norteamericanos usaron la Benzedrina. Rasmussen explica que fue por “su capacidad para alterar el estado de ánimo: incrementaba la agresividad y la confianza, y proporcionaba un impulso a la moral”. Incluso hay pruebas de la cantidad de drogas que estaba estipulada para cada soldado que la ingería.

Así, se ha descubierto que mientras los pilotos británicos recibían una dosis de 10 miligramos diarios de Benzedrina, los soldados que la 24ª Brigada de Tanques recibían el doble, 20 miligramos al día. Hoy en día conocemos los efectos de estas drogas y cómo enganchan a millones de personas en todo el mundo, pero en los años 40 apenas había literatura científica al respecto. Por eso, no es de extrañar que en los años siguientes al final de la II Guerra Mundial se vieran los efectos secundarios en muchos de los soldados, pero no recibieron ningún tipo de ayuda al respecto. La guerra ya había acabado. Por: O.R. [El Confidencial]

 

 

 

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