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No es xenofobia

República Dominicana, esta abarrotada de haitianos indocumentados. Abundan en cada rincón del país y aceptan cualquier salario para sobrevivir en condiciones muy precarias. Su número está muy cerca del millón y medio o un 15.3% de la población, donde un 70% no tiene un estatus legal y son sujetos de ser deportados. No sobreviviremos a la masiva migración de haitianos sino se actúa con mano dura. No se trata de discriminación, xenofobia o violación a los derechos humanos, se trata de proteger nuestras vidas, nuestra identidad y nuestra estabilidad económica.

Estados Unidos, con su inmenso territorio (9.8 millones de kilómetros cuadrados), mayormente deshabitado, tiene registrado 50.6 millones de inmigrantes, 15.28% de su población y de todos ellos, un 28% es indocumentado. Y hablamos del país más rico del mundo.

Aun así, es el país que más persigue a los indocumentados y solo en el 2023 deportó 142,580 de ellos y el 2019 esa cifra llegó a 359 mil deportados bajo el gobierno de Trump. Si Donald Trump gana la presidencia esas deportaciones podrían llegar a más de un millón al año porque una mayoría de los estadounidenses (también europeos) considera la inmigración ilegal como su problema número 1.

¿Y nosotros que? ¿Somos los pendejos de una islita del caribe que a pocos les importa, excepto a los que vivimos en ella? Se ensañan en nuestra contra porque queremos sobrevivir y luchar por nuestro futuro. Que se vayan al carajo todos esos organismos que nos acusan y nos degradan.

Pongamos las cosas claras. Hay que sellar la frontera, aunque se envíe a todos los miembros del ejército, la marina y la aviación y hay que reducir drásticamente el número de haitianos indocumentados que viven en nuestro territorio.

Los sectores productivos, la construcción y los servicios, que se enriquecen con la explotación de la mano de obra haitiana, mayormente ilegal, ya tienen la suficiente para su desenvolvimiento y si no pueden vivir con eso que abandonen sus actividades o paguen mejores salarios y beneficios laborales para que más dominicanos se motiven a sustituir esa mano de obra.

Tampoco las instituciones gubernamentales y municipios puedes gastar un centavo más de lo que ya se gasta para darle trabajo, salud, educación y alimentación a los haitianos que residen en el pais ilegalmente. Y menos cuando se acaba de retirar una reforma fiscal que le pondrá una camisa de fuerza a las finanzas públicas con la que apenas podrá seguir ayudando a dos millones de dominicanos pobres. Por: José Lois Malkún (Listín Diario)

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