domingo, mayo 24, 2026
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Por más acuerdos, la guerra no se detendrá y la grande viene. Mientras la caída de Trump tampoco es que no pudiera ocurrir. De por medio son 47 años de agresiones y asesinatos de sus dirigentes y lo que ni siquiera se borra con un acuerdo de supuesto cese de hostilidades

Desde que el Israel sionista y gracias a sus negociadores, logró convertirse en el alter ego de cada uno de los presidentes estadounidense en todo ese tiempo de 47 años, Washington ha sido incapaz de actuar como superpotencia unipolar y en cambio se ha dejado arrastrar a situaciones bélicas de agresión que la clase gobernante de una potencia menor nunca habría transigido.

Naturalmente, está de por medio, el hecho, de que el ego estadounidense es uno, que porque financió la postguerra en Europa y por los intereses devengados, salió del déficit operativo que tenía desde el estallido programado por el mismo Washington con la guerra provocada en Pearl Harbor y que fue la justificación para que EEUU entrara en el conflicto de la segunda Guerra Mundial y hasta llegar al final de su guerra contra Japón lanzando dos bombas atómicas creadas por científicos alemanes reconvertidos como estadounidenses  y en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

EEUU y desde entonces y al ver su clase dirigente, que gracias a su prensa pudo manipular los sentimientos de los estadounidenses y al aprender, que como potencia unipolar desde el 1945, realmente parecería que el resto del mundo le pertenecía del todo.

Si esta realidad se conoce en amplitud, se entenderá el por qué y para quien fuere presidente de EEUU, le era tan fácil meter a su país en guerra, lanzar a sus soldados a que murieran por ciento de miles y lo que se acrecentó desde el momento que el fin de la Segunda Guerra Mundial dio paso a un nuevo estilo de conflicto, la Guerra Fría, que era la lucha geopolítica entre comunistas y anticomunistas y con EEUU  como potencia decisoria del lado anticomunista, conflicto que se libró durante  44 años y 09 meses entre el 12 de marzo de 194726 de diciembre de 1991.

Nadie estuvo inmune a este conflicto político, económico, social, ideológico, militar y propagandístico y el mundo fue dividido en tres bloques: Primer mundo: Bloque occidental liderado por Estados Unidos y aliados. Segundo mundo: Bloque oriental liderado por la Unión Soviética y China (independiente), y sus aliados y Tercer mundo: países no alineados o neutrales y que nos lo recuerda muy bien Wikipedia.

Este escenario macro y si se recuerda en todas sus perspectivas y aristas, tenemos y debemos de entender, que realmente a EEUU no le fue fácil emerger para el año 1945 como la potencia hegemónica global y cuya mayor prueba fue la guerra de Corea y años después, las guerras en el sudeste asiático y hasta el colapso de la URSS el 31 de diciembre de 1991 como su punto, digamos, intermedio y porque la clase gobernante rusa no supo o no quiso lidiar con las reformas políticas estructurales, que generaron la desintegración de las estructuras políticas federales y el Gobierno central .

Episodio que dio visus de regenerarse con el ascenso del presidente Boris Yeltsin entre los años 1991-1999 y dando pasos firmes a partir de la llegada al poder como presidente interino, de Vladimir Putin y al renunciar Yeltsin el 31 de diciembre de 1999.

Resumidas cuentas, Putin era un exagente de la KGB y vicealcalde de San Petersburgo y de las manos de Yeltsin llegó a director del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y luego primer ministro. Y quien fuera ratificado como presidente titular y en ejercicio en las elecciones del 2000.

A partir de este último año y ahora en el 2026, Putin lleva 26 años ininterrumpidos en el poder y teniendo en su haber, lograr convertir a la Federación de Rusia en una potencia multipolar más poderosa que la misma URSS y ahora junto a China Popular las dos potencias que conforman el mundo multipolar y con las naciones BRICS como apoyo firme para lograr desbancar a EEUU como potencia unipolar ahora en descenso.

En ese empeño, llega Donald Trump a la presidencia de EEUU, la primera ocasión, para el periodo desde el 20 de enero de 2017 al 20 de enero de 2021 y del que puede decirse que fue su carta de presentación para su segundo periodo en el 2025 y hasta el 2029 y teniendo “la experiencia” de haber perdido su reelección de manos del presidente Biden (2021-2025), quien y junto a su equipo y con el auxilio de Obama hizo lo imposible para desbancarle.

Ahora tenemos a un Trump, formado como estadista y presidente de inagotable accionar y gran experiencia, quien decidió pelear en dos frentes hasta llegar a materializar su plan de America Grande Otra Vez, tanto a lo interno de su país como en el exterior.

Al actuar con un espíritu de pura fuerza de choque, Trump y comportándose como si realmente fuera el emperador del mundo, en menos de año y medio ha logrado imponerse determinantemente y a los países que no ha podido avasallar y como ha hecho con Europa, ha llegado a acuerdos pragmáticos con quienes como Rusia, China y Corea del Norte, no se arredran y lo enfrentan.

Esa toma y daca, presenta la hasta ahora inmanejable situación, de Irán el otrora imperio y gran civilización de Persia, a la que con auxilio de Israel sionista, Trump ha querido doblegar de mil maneras, en vez de haber hecho lo correcto y negociar y hasta llegar a su realidad, de que no está enfrentando a una nación tercermundista y sí a una potencia secundaria en toda regla, que le desafía y no teme entrar en guerra.

Para Trump, era impensable el desafío iraní y su mayor sorpresa, fue comprobar que en la pasada guerra de los doce días, si EEUU no se mete a favor de Israel, Irán lo habría derrotado. Con todo, Trump, un hombre que tiene un ego inmanejable, cayó en el error de juicio de entablar directamente una nueva guerra contra Irán, de la que al cabo de cuarenta y cinco días y aunque mató a su líder principal y otros de segundo plano, bombardeó y quiso realizar una agresión clandestina con miras de sustraer el uranio persa, la realidad le dio tan de a duro en su cara, que todavía a este día, el estadounidense no encuentra como salirse y salvar la cara y del entrampamiento en el que se ha metido con esta guerra que había entendido aplastante y de corta duración.

Por supuesto, para el orgullo estadounidense herido como potencia militar, era impensable su situación de ahora y encontrándose ante un reto formidable: O derrota a Irán, que ya es improbable o cede a sus reclamos por daños de guerra y secuestro de recursos financieros o se aboca a una guerra mayor en la que el mismo territorio estadounidense no estaría a salvo de no experimentar bombardeos de todo tipo.

A nuestro criterio, Trump se ha buscado este desenlace y por su mala cabeza, de creerse que le era tan fácil dominar y aplastar a Irán, un país de 99 millones de habitantes y con un veinte por ciento de doctores, científicos, matemáticos y filósofos y el que de pronto, su pueblo se encuentra monolíticamente tan unido y decidido, que 20 millones de iraníes acudieron en masa a enrolarse en sus fuerzas armadas.

Nosotros, realmente no creemos y por los escenarios que se están presentando y ninguno manejado por Washington, que EEUU gane este conflicto y cuya derrota no se la despinta nadie, salvo que sus negociadores lleguen al punto flexible de ceder y entender que Irán y como nación agredida, es imposible que Trump no acepte cubrir las reparaciones de guerra y respetando sus áreas naturales de influencia como el estrecho de Ormuz, De lo contrario, el mundo se abocará hacia un conflicto bélico mayor que arrastre a más de 50 naciones y todas rogando que Dios reparta suertes.

Y que nos hace decir, que por más acuerdos, la guerra no se detendrá y la grande viene. Mientras la caída de Trump tampoco es que no pudiera ocurrir. De por medio, son 47 años de agresiones y asesinatos de sus dirigentes y lo que ni siquiera se borra con un acuerdo de supuesto cese de hostilidades. Con Dios. (DAG) 24.05.2026

 

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