miércoles, junio 17, 2026
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Que un tribunal emita sentencias condenatorias por corrupción, robo y desfalco y contra cuatro generales y un sinnúmero de otros ciudadanos civiles y militares, es un indicador de la podredumbre social que arropa a la nación y que obliga a que el resto de los ciudadanos nos cuestionemos y no que nos alegremos. ¿O no es así?

Por muchos años -mas de 40-por lo menos dos generaciones de dominicanos hemos contemplado como lo más natural del mundo, que quien llega al poder político o se sostiene dentro del poder económico, lo más natural sea el robarse así mismos y también a la nación.

Y que es la razón por la cual, los ciudadanos hemos perdido la vergüenza necesaria y para entender, que en vez de aplaudir lo mal hecho, deberíamos sentir vergüenza, de que desde que la Era de Trujillo (1930-1961 cesó en noviembre de 1961, la etapa democrática ha sido un camino irreversible hacia la disolución social y la imposición del bandolerismo como normativa a seguir.

Todo se inició desde aquel día que el Consejo de Estado eliminó la ley que disponía el servicio militar obligatorio y las enseñanzas de moral y cívica y de manera sorprendente, se abandonaron las enseñanzas y observaciones a los símbolos nacionales y hasta llegarse a lo de ahora, que el actual gobierno del PRM y de Luis Abinader, el mismo Poder Ejecutivo sustituyó el escudo nacional por una cúpula bizantina que no identifica para nada al gobierno y mucho menos al Estado Dominicano.

Ha sido un proceso increíble de abolir la dominicanidad y desde hace cinco años, acentuado con lo que podría ser el golpe mortal a la existencia de la República y con esa terrible como malvada política de haitianización progresiva  que el gobierno actual lleva a cabo con la meticulosidad de un cirujano y con el apoyo solidario de los grupos económicos y financieros, a cuyos integrantes, el afán de lucro les domina tan a lo absoluto, que han impuesto normativas de capitalismo salvaje y en cierta forma, de nuevo tipo de esclavización de  la mano de obra y comenzando con los inmigrantes haitianos en el campo, la construcción, la minería y el turismo.

¿Cómo es posible que la ciudadanía no protesta sobre este particular y que incluso, participa y lo apoye servilmente? ¿Por el dominio que los ricos tienen de la atrapada opinión pública y mediante el control del discurso social desde sus medios de comunicación y plataformas en internet?

También, porque y para identificar de algún modo a los que controlan la nación, le diremos, que la clase gobernante y trasformada ahora en el arma más letal del gobierno plutocrático de Abinader y en el que también participa un ramal de la alta burguesía haitiana y desde el Consejo Nacional de Competitividad  y desde la principal cartera de asesoría y administración del presidente Abinader y la que maneja, dispone y decide, el director ejecutivo, del millonario y principal grupo económico haitiano, Biggio, quien decide hasta por el tipo de armamento que deben tener nuestras fuerzas armadas, mientras todo lo relativo a la comercialización de los combustibles, tiene dominio absoluto y con no menos de 185 estaciones de combustible por toda la geografía nacional y que es una situación totalmente inaceptable para la preservación de nuestra institucionalidad como República, libre y soberana con Estado propio.

Semejante disolución de la estructura económica y funcional del Estado Dominicano, más lo terrible, de ese aparato de propaganda oficial con un presupuesto total de 20 mil millones de pesos por año, no solo que ha impuesto el control directo de la población y permitiendo la tolerancia a la ingesta de drogas, más “lo descriptivo” de 50 mil millones de pesos por año y que el régimen gasta en subsidios de todo tipo, han terminado por atrofiar la mente de una mayoría de dominicanos y que si recordamos que el país tiene una población de 12 millones de habitantes, se descubrirá, que por lo menos 4 millones de ciudadanos jóvenes entre 18-28 años y la mayoría analfabetos funcionales, son la espina dorsal de la terrible inversión de valores morales que abate a las familias y gracias al desgobierno actual del PRM.

Es decir, los dominicanos de pueblo y de a pie, prácticamente la ingesta de drogas, el mercado sexual y el desenfreno social, los ha llevado a una situación de idiotez extrema y agravada por el factor cultural de los inmigrantes dominicanos en el exterior desde el año 1967, conocidos como dominicanyork y quienes han terminado por atrofiar el alma nacional, con su subcultura estadounidense del delito en todas sus fases.

De esta manera, ¿qué de extraño podría ser, que las instituciones militares sean víctimas de tanta amoralidad, promiscuidad y robo y saqueo por doquier?

Y que es la única explicación para lo que ocurrió ayer, cuando aleladas, las fuerzas vivas descubrieron la hondura terrible de corrupción en la alta oficialidad militar y comenzando en el Palacio Nacional,  y con el jefe del cuerpo de ayudantes militares del presidente de la Republica de esos años antes del 2021, quien junto a otros generales creó y organizó un entramado delincuencial en el lapso 2012-2020, que de tan profundo, provocó condenas de 12, 15 y 20 años, expropiación de buen es millonarios y multas por más de cinco mil millones de pesos.

A esos generales, poco les importó destruir el buen nombre de las instituciones militares y tampoco les importó que haya un cartel militar especializado en el trafico de personas indocumentadas y la trata de personas, que de tan amplio “y diversificado”, que hasta ahora, en el gobierno no ha habido el coraje para desarticularlo y que ha provocado la gran interrogante, de si el alto mando militar y ante las sentencias condenatorias ya conocidas, dará de baja deshonrosa a todos esos oficiales delincuentes, por lo menos, para enviar el mensaje a la nación, de que el gobierno va a destruir la corrupción militar y de lo que tantos dudan.

Por eso y llenos de vergüenza ajena y como dominicanos que nos entendemos personas serias, honradas y de conducta honesta, puntualicemos y respecto a sí no debe llamar la atención, que un tribunal emita sentencias condenatorias por corrupción, robo y desfalco, a cuatro generales y un sinnúmero de otros ciudadanos civiles y militares y que es un indicador de la podredumbre social que arropa a la nación y que obliga a que el resto de los ciudadanos nos cuestionemos y no que nos alegremos. ¿O no es así? Con Dios. (DAG) 17.06.2026

 

 

 

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