En los últimos 65 años, nunca habíamos visto una situación política y social tan vulnerable y que recordemos, ni siquiera en el año 1965, cuando a resultas de los problemas de disturbios “revolucionarios”, aumentados por una sorpresiva invasión y ocupación militar estadounidense e impulsada, por lo que se creía sería un fuerte escenario de confrontación en plena guerra fría y ni siquiera con su añadido de dos gobiernos disputándose la gobernabilidad, nunca se pasó por esta aguda situación de instabilidad social de hoy.
Para esta ocasión, es indudable que la falta de pericia y dominio gubernamental en el manejo de la realidad económica, ha precipitado a las fuerzas vivas nacionales a un estado de tal crispación, que por lo que se está viendo, las desastrosas políticas gubernamentales han arrastrado a la nación hacia un verdadero callejón sin salida.
El caso es, que de improviso y como producto de los resultados fraudulentos de las elecciones del 2020 y agigantados en los otros siguientes del 2024, la nación ha experimentado un fuerte retroceso institucional y de atraso en sus infraestructuras, iliquidez y quiebras generalizadas en el sector económico como en el financiero, que tal como si hubiese pasado un tsunami, la moneda nacional ha perdido un 40 por ciento de su valor y casi el cincuenta por ciento de su poder adquisitivo, arrojando a la población económicamente productiva (cerca de seis millones de ciudadanos) a una situación de carencias, pérdidas de empleos y errores mayúsculos de administración, que de hecho, tiene a la ciudadanía en pura desesperación y desesperanza.
Agréguese que el gobierno no tiene credibilidad o al menos, la mínima necesaria para que la gente le crea y lo delicado, de que el mismo presidente de la República está siendo afectado en su reputación y popularidad y tanto, que la impresión generalizada que se tiene, es como si el país no tuviera presidente.
Esta percepción se apuntala, con el hecho cierto y comprobado, de que el presidente Abinader pasa más horas fuera de su despacho, que dirigiendo el accionar gubernamental y quien quisiera hablarle, solo tiene que disponerse a seguir sus pasos y ver si con suerte logra acercársele.
Mientras, el país anda lo más parecido a cuando alguien le ha soltado en banda y manifestándose el desconcierto de la gente, en una de inconductas y amoralidad extrema de sálvese quien pueda y para colmos, avivado por la terrible política manirrota de subsidios sociales de todo tipo y como una manera desesperada, de un gobierno, cuyo fracaso de administración se comprueba al pasarse revista y la ciudadanía darse cuenta de que la alta calidad y nivel de vida que se tenía hasta agosto de 2020, Abinader y su PRM prácticamente, la ha reducido a una situación desastrosa, que poco falta para que en determinadas áreas, se la pudiera clasificar como peor que la propia calidad de vida haitiana.
Para remate, ahora ha salido a conocimiento público, de la sorda lucha que hay en ciertos estamentos militares por determinadas remociones entre oficiales de carrera que el mismo presidente ha querido remover y quienes ahora, al menos institucionalmente, todavía se le resisten, mientras desde la embajada de EEUU, la agente de la CIA que funciona como embajadora titular, con su inusitada política de acercamiento a la población, se ha convertido en un peligroso instrumento de desestabilización política y peor, que por lo álgido de las contradicciones de mando y poder, ha tenido que venir el segundo del Departamento de Estado, ha aclarar aspectos, puntualizar políticas y dar ajustadas observaciones de “alta política” que hasta la misma embajadora ha llevado lo suyo en reprimendas y por lo que en Washington entienden falta de experiencia para el manejo de un país tan difícil como es el dominicano y que cuando le agregamos, que recién vino un alto mando militar estadounidense del Comando Sur «a poner orden» dentro de la oficialidad superior y de generales, es para entender, que a la República, Abinader la está llevando a lo más parecido a una colonia estadounidense. ¿No dan ganas de llorar y pelear?
Y para agregarle más sal a la herida, el gobierno se ha metido innecesariamente en una guerrilla sorda con la parte del periodismo en las redes sociales independientes e impulsadas por las fuertes insidias de la prensa tradicional, cuyos directores hasta se han permitido elaborar borradores de políticas contra la libertad de prensa, que han terminado por concretarse en el llamado decreto-ley DNI y en los aprestos congresionales al evacuar un código penal reformado, imponiendo una de políticas represivas que ni siquiera en países de gobiernos totalitarios como Cuba, Venezuela y Nicaragua no se han atrevido a imponer.
Abinader, entonces y viéndosele como prisionero de sus propias incompetencias, por ejemplo, ¿cómo explicar meter una reforma fiscal para buscar 50 a 90 mil millones de pesos para equilibrar su presupuesto, cuando en las arcas del Banco Central y dos bancos estatales, tiene 400 mil millones de pesos congelados y provenientes de los 70 mil millones de dólares tomados en prestamos en el exterior y que con una partida de 200 mil millones de pesos, perfectamente que podría resolver su grave situación de iliquidez?
De este modo, nadie entiende el porqué de semejante política y de esta manera, así pasan las horas y la situación social haciéndose cada día más crispante y políticamente inmanejable. He ahí la guerra abierta que le tienen las redes sociales por su afán tan obvio de querer extinguirlas o la alocada política de despilfarro publicitario pretendiendo comprar voluntades en tanto la gente escandalizada por los salarios millonarios de los 700 asesores presidenciales y por la feria de salarios altos de la alta burocracia y en particular la financiera.
Lo correcto debería de ser, que Abinader evaluara su situación y la que le ha generado a la República el terrible estado de frustración y arritmia de desconcierto social que pudiera llevar a un estallido de ánimos descontrolados. Pero hasta ahora, al presidente no se le ve con intención de corrección y los problemas creciendo cada vez más.
De esta manera y por tan peligroso escenario, observamos, que el clima social está a un nivel tan tenso, que prácticamente se respira ingobernabilidad y con la sospecha, de que en el gobierno y en su arrogancia, parecería que ni se enteran y todos señalándole. Con Dios. (DAG) 15.06.2026





