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¿Quienes desean llegar a la Suprema?

Hace unos días escribí en este diario un artículo donde indicaba que no era correcto que el CNM evaluará cada siete años a los jueces de la SCJ. No me corresponde especular sobre las razones individuales que cada uno de los 11 jueces decidió tomar. Pueden ser distintas y perfectamente personales. Pero institucionalmente el hecho merece atención.

Una cosa es que algunos profesionales quieran permanecer en la institución. Otra es que quienes ya están dentro decidan no participar del procedimiento necesario para continuar.

Ninguno de esos hechos, aisladamente, demuestra que exista un problema. Pero como este martes 08 agosto, el CNM emitirá su fallo sobre los siete jueces evaluados y a la vez determinará las vacantes disponibles en adición a las cuatro existentes de los jueces que decidieron no someterse a una nueva evaluación.

Para llenar las vacantes, el CNM abrió la recepción para nuevas plazas disponibles pero hasta el inicio de esta semana, el CNM solo había recibido una docena de nuevos aspirantes. Eso me ha llevado a hacerme una pregunta.

¿Sigue existiendo el mismo apetito por llegar a ser juez de la Suprema Corte de Justicia? La pregunta puede parecer extraña en un país con miles de abogados y una carrera judicial desarrollada durante décadas. Deberían existir numerosos jueces experimentados, académicos y profesionales del derecho deseosos de alcanzar la cúspide del Poder Judicial. Y que solo 12 nuevas inscripciones hayan sido recibidas en el CNM es una señal de algo que puede estar ocurriendo.

Pero también debemos contemplar otra posibilidad: que para algunos de nuestros mejores juristas llegar a la Suprema haya dejado de representar el atractivo profesional que tuvo en otros tiempos. La pregunta importante no es sólo cuántos candidatos se presentaron. Es también quiénes no se presentaron. ¿Están aspirando los mejores jueces de nuestras cortes de apelación? ¿Los juristas con mayor producción intelectual?

¿Abogados de reconocido prestigio que podrían aportar experiencia diferente a la Suprema? Personas que, pudiendo razonablemente aspirar, prefieren no hacerlo?

Una institución de excelencia no puede conformarse con escoger al mejor entre quienes se presentan. Tiene que ser capaz de atraer a los mejores que existen. Esa diferencia es fundamental. Quizás aquí encontremos una diferencia importante con aquella renovación judicial de 1997. Entonces el desafío principal era elegir a los mejores, abrir las puertas de la Suprema a una nueva generación y reducir la dependencia de una sola voluntad política en su selección.

El Consejo Nacional de la Magistratura representó un avance extraordinario. Casi treinta años después tenemos derecho a examinar el resultado de aquella experiencia y preguntarnos qué necesita ser perfeccionado. No sabemos todavía si estamos ante una verdadera disminución del interés por llegar a la Suprema. Lo sabremos mejor cuando conozcamos no solamente el número, sino la calidad y trayectoria de quienes decidieron presentarse. Pero las instituciones inteligentes deben prestar atención a las señales antes de que éstas se conviertan en problemas. No deseo adelantar conclusiones pero tampoco que se ignoren las preguntas que he realizado. Puedo sí concluir afirmando que llegar a la Suprema Corte de Justicia era alcanzar el reconocimiento de una vida dedicada al derecho, a la judicatura y con la renovación de la SCJ en 1997 se reforzó esa percepción. ¿Lo es ahora?. Por: Hugo Guiliani Cury (LD)

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