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¿Se estarán dando cuenta haitianos y dominicanos que como producto de los resultados migratorios ha nacido un nuevo tipo de estructura binacional que conlleva tres culturas en una nación multicultural y multinacional?

No se trata de que cada país esté perdiendo su identidad y sí reafirmándola, pero dentro del molde del extranjero hijo de haitiano o del extranjero hijo de dominicano y conformando cada uno un sector determinante, que como ya se está viendo, influye decididamente en la toma de decisiones de los gobiernos de los dos países.

Es decir, cuando se descubren y para citar un caso, de los estadounidenses de origen dominicano o el otro de los estadounidenses de origen haitiano, los nacionales originarios observan de inmediato la inquietante peculiaridad, de que los recién llegados y no obstante que se identifican con las idiosincrasias nacionales, realmente, no son propiamente haitianos y dominicanos. Es como que tienen “algo” que los diferencias de los haitianos y dominicanos normales.

Ese “algo”, no es más que la herencia cultural del país en el que nacieron, que poco que mucho, es diferente a la propia y étnicamente hablando de sus naciones originarias vía sus familiares directos.

Sin embargo, no se suscita el mismo fenómeno cultural con los haitianos que han adoptado las costumbres dominicanas o de los dominicanos que adoptaron a su vez las costumbres haitianas y las que reflejan en sus grupos familiares y al vivir y establecerse cada uno en el territorio del país vecino.

Por eso, el haitiano de origen dominicano como el dominicano de origen haitiano no chocan con los naturales de los dos países y de ahí que el proceso cultural pudiera ser tan o más acentuado que el que ocurre con los hijos de haitianos y dominicanos nacidos en EEUU.

Todavía. este fuerte como agresivo cambio social realmente estructural, no es tenido en cuenta por los nacionales de los dos países y menos por sus medios y periodistas y que es la razón, de que, en Haití, ciertos extremistas y cuando escuchan hablar en español, de inmediato reaccionan con amplio rechazo e identificando al que se exprese y despectivamente como “dominicano”, dominicaine es la expresión al uso.

Paralelamente los miles de hijos de haitianos que trabajan en este país, el caso Friusa, distrito municipal de Verón, Punta Cana, provincia La Altagracia, no es que de muy buen grado se les acepta como dominicanos, es decir, de hijos de padres inmigrantes legales, pero al final del día, todos y de una u otra forma terminan por aceptar su dualidad nacional.

Estudios que hemos hecho, nos dicen, que a este día, son más los dominicanos que no tienen otra nacionalidad, los que se dan cuenta de que algo está cambiando en la relación necesariamente natural entre los dos pueblos transfronterizos y lo que se observa con ese histerismo propagado en los lupanares mediáticos en las redes sociales, donde analfabetos funcionales interpretan la nueva realidad y con la expresión nada apropiada de que supuestamente “los haitianos nos están invadiendo” y lo que no es así.

Simplemente, se está produciendo un choque cultural tan extremista y desorientador, que tomara no menos de cinco años que ambas naciones terminen por entender el profundo cambio que se les está presentando en su composición demográfica y que tomará no menos de esos cinco años para que lo entiendan.

Esa ignorancia, genera rechazo y también odio y porque nadie quiere aceptar, que el nuevo cambio es el producto natural de sus inmigrantes cuyos hijos nacieron en terceros países y esto, haciendo exclusión  de la aplicación de la agenda 2030 que el gobierno dominicano está aplicando y en materia, de que la mayor cantidad de embarazadas haitianas vengan a los hospitales dominicanos, den a luz y los burócratas anti dominicanos de las agencias de la ONU hacen entonces lo imposible para que esos nacidos no se les registre como haitianos en el libro de extranjería, cuando lo que legalmente procede, es que ya que la madre es transeúnte y no tiene residencia legal en este país, el hijo  solo tiene la vía de ser registrado como haitiano en el consulado haitiano más cercano.

Desde luego que el debate va a ampliarse y este tema, que nos permitimos decir, es la primera vez que es realizado en un medio dominicano deberá llegar a más y aun cuando es clásico en ese periodismo mercancía de ahora, negarle credibilidad a quien profese una idea nueva que racionalmente precipite hacia un debate civilizador.

Por eso no vamos a ampliar más nuestro planteamiento, pero sí advertir que lo que exponemos no es nada nuevo. Solo con vernos en el espejo que ofrece Bélgica entre franceses y valones, daría pie a que se entendiera el realismo de lo que expresamos Por ejemplo, recuérdese, que “la plurinacionalidad es, primero, un proyecto político: se trata del reconocimiento de que al interior de un solo Estado conviven diversos pueblos y naciones indígenas, los cuales participan en la vida política en cuanto colectivos con derecho a determinar sus propias prioridades de desarrollo, de acuerdo con sus formas”. Mientras que un estado multinacional “es un estado-nación que está formado por varias naciones, culturas, lenguas y territorios”.

Para los casos dominicano y haitiano lo que se presentará, será un nuevo tipo de integración cultural sin afectar las identidades de cada país y por el hecho preponderante, de que los nuevos nacidos con origen de ambos países y afianzado en la cultura de un tercero, que sería EEUU y el que será común a los dos isleños, les obligará integrarse, entenderse y definitivamente a aceptarse. Se podrá estar o no de acuerdo con nuestra tesis, pero por lo menos, estúdiese y porque dentro de 25 años, los dominicanos y haitianos que están naciendo ahora, tendrán la última palabra y definiendo la estructura social de ambas naciones.

La pregunta entonces nos parece más que apropiada: ¿Se estarán dando cuenta haitianos y dominicanos que como producto de los resultados migratorios ha nacido un nuevo tipo de estructura binacional que conlleva tres culturas en dos naciones de conformación multicultural y multinacional, y sin hablar de estado multinacional o de estado plurinacional y las dos, guardando sus propias idiosincrasias y gobernabilidad propias? Con Dios. (DAG) 25.03.2025

imagen: https://gilbertmervilus.medium.com/frontera-hait%C3%AD-rep%C3%BAblica-dominicana-paso-para-traficar-extranjeros-con-diferentes-destinos-c7f8d97876f8

 

Vers une nouvelle structure binationale : Haïtiens et Dominicains face à une réalité multiculturelle

Les Haïtiens et les Dominicains se rendent-ils compte qu’en raison des dynamiques migratoires, il a vu le jour un nouveau type de structure binationale qui englobe trois cultures au sein d’une nation à la fois multiculturelle et multinationale, et ce, sans parler d’un État multinational ou plurinational, chacun préservant ses propres idiosyncrasies et sa propre gouvernabilité?

Il ne s’agit pas pour chaque pays de perdre son identité, mais plutôt de la réaffirmer, à travers la figure de l’“étranger” fils de Haïtien ou de l’“étranger” fils de Dominicain, chacun constituant un secteur déterminant qui, comme on le constate déjà, influence de manière décisive la prise de décisions dans les gouvernements des deux pays.

Autrement dit, quand on découvre, par exemple, des Américains d’origine dominicaine ou, d’un autre côté, des Américains d’origine haïtienne, les nationaux de souche remarquent immédiatement l’étrange particularité de ces nouveaux arrivants qui, bien qu’ils s’identifient aux idiosyncrasies nationales, ne sont pas exactement Haïtiens ou Dominicains. C’est comme s’ils possédaient « quelque chose » qui les distingue des Haïtiens et Dominicains habituels.

Ce « quelque chose » n’est rien d’autre que l’héritage culturel du pays où ils sont nés, lequel, peu ou prou, diffère de leur propre culture, y compris d’un point de vue ethnique.

Cependant, le même phénomène culturel ne se produit pas chez les Haïtiens qui ont adopté les coutumes dominicaines, ni chez les Dominicains qui, à leur tour, ont fait leurs les coutumes haïtiennes, coutumes qu’ils reflètent dans leurs groupes familiaux.

C’est pourquoi l’Haïtien d’origine dominicaine et le Dominicain d’origine haïtienne ne se heurtent pas à la population autochtone de leurs deux pays. De là découle le fait que le choc culturel puisse être aussi, voire plus prononcé, que celui qui se produit avec les enfants de Haïtiens et de Dominicains nés aux États-Unis.

Ce changement social, à la fois profond et radical, et d’une nature véritablement structurelle, n’est pas encore pris en compte par les ressortissants des deux pays. C’est pour cela qu’en Haïti, certains extrémistes, dès qu’ils entendent quelqu’un parler espagnol, réagissent aussitôt avec rejet, considérant la personne qui s’exprime ainsi comme « dominicaine ».

Parallèlement, les milliers d’enfants de Haïtiens qui travaillent en République dominicaine — prenons le cas de Friusa, district municipal de Verón, Punta Cana, province de La Altagracia — ne sont pas vraiment reconnus de gaieté de cœur comme Dominicains (c’est-à-dire enfants de parents immigrés réguliers). Toutefois, au bout du compte, tous finissent d’une manière ou d’une autre par accepter leur dualité nationale.

Des études que nous avons menées montrent qu’à ce jour, ce sont surtout les Dominicains qui ne possèdent pas d’autre nationalité qui prennent conscience qu’un changement s’opère dans la relation naturelle entre ces deux peuples frontaliers. Cela se manifeste dans l’hystérie relayée par certains « bordels médiatiques » sur les réseaux sociaux, où des analphabètes fonctionnels interprètent la nouvelle réalité au moyen d’une formule tout à fait inadéquate — « les Haïtiens nous envahissent » —, ce qui n’est pas conforme à la réalité.

En réalité, il se produit un choc culturel si extrême et déroutant qu’il faudra au moins cinq ans pour que les deux nations finissent par comprendre l’ampleur du changement démographique qui est en cours. Il ne faudra pas moins de cinq ans pour intégrer pleinement cette nouvelle donne.

Cette ignorance engendre rejet et haine, car personne ne veut admettre que cette évolution est le produit naturel de l’immigration : les enfants de ces immigrants sont nés dans des pays tiers. Et ce, sans même compter l’application de l’Agenda 2030 que le gouvernement dominicain est en train de mettre en œuvre, permettant à de nombreuses Haïtiennes enceintes de venir accoucher dans des hôpitaux dominicains. Par la suite, certains bureaucrates anti-dominicains des agences de l’ONU font tout leur possible pour que ces nouveau-nés ne soient pas enregistrés comme Haïtiens dans le registre de l’immigration, alors que légalement, étant donné que la mère est en transit et ne réside pas légalement dans ce pays, l’enfant ne peut être enregistré qu’en tant que Haïtien auprès du consulat haïtien le plus proche.

Bien entendu, le débat s’élargira. Il s’agit, à notre connaissance, de la première fois que ce thème est traité dans un média dominicain, et il gagnera certainement en importance, même si, dans le journalisme-marchandise d’aujourd’hui, il est courant de dénigrer toute idée nouvelle qui pourrait pourtant susciter un débat propre à faire évoluer les mentalités.

C’est pourquoi nous n’approfondirons pas davantage notre propos, mais nous soulignons que ce que nous exposons ici n’a rien de nouveau. Par exemple, rappelons que « la plurinationalité est, en premier lieu, un projet politique : il s’agit de la reconnaissance du fait que, au sein d’un seul État, cohabitent divers peuples et nations autochtones, lesquels participent à la vie politique en tant que collectivités disposant du droit de déterminer leurs priorités de développement, conformément à leurs propres formes ». De son côté, un État multinational « est un État-nation formé de plusieurs nations, cultures, langues et territoires ».

Dans les cas dominicain et haïtien, il s’agira d’un nouveau type d’intégration culturelle n’atteignant pas l’identité propre à chaque pays. Grâce au fait important que les nouveau-nés sont issus de ces deux pays, tout en étant enracinés dans une troisième culture — celle des États-Unis — qui leur est commune, les insulaires seront amenés à s’intégrer, à se comprendre et finalement à s’accepter. On peut être ou non d’accord avec cette thèse, mais au moins faudrait-il l’étudier, car d’ici vingt-cinq ans, les Dominicains et Haïtiens qui naissent aujourd’hui auront le dernier mot et définiront la structure sociale de ces deux nations.

La question nous semble donc tout à fait à propos : Les Haïtiens et les Dominicains se rendent-ils compte qu’en raison des résultats migratoires, il a émergé un nouveau type de structure binationale, impliquant trois cultures dans une nation multiculturelle et multinationale, sans qu’on parle pour autant d’un État multinational ou plurinational, et avec chacune conservant sa propre idiosyncrasie et sa propre gouvernabilité? Avec Dieu. (DAG) 25.03.2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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