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¿Y es una gobernabilidad segura y cierta, que el presidente de la República y para trasladarse de un lugar a otro de Palacio, tenga que ir acompañado de siete guardaespaldas?

Observar aquella foto tomada a media mañana de ayer en el momento que el presidente Luis Abinader salió de su despacho en el Palacio Nacional hacia los jardines de este y para dar ejemplo de acatamiento cívico a un ensayó antisísmico de magnitud amplia y que el espíritu se sobrecoja y al comprobar, que ni siquiera el gobernante se siente seguro en su propio palacio.

Es de un impacto tan fuerte, que de golpe, no hay quien que vea esa foto publicada a primera página en el matutino centenario capitaleño, que no experimente el mismo desasosiego que experimentamos respecto a lo huérfanos de seguridad que estamos todos quienes vivimos en el territorio nacional.

Sí, se nos dirá que es una interpretación antojadiza y hasta prejuiciada podrán decir los propagandistas oficiales, pero indudablemente, de que el impacto negativo que la misma produce, es un asunto que no escapa absolutamente a nadie, pues si el mismo presidente y en el mismo Palacio Nacional debe cuidarse de forma tan extrema, entonces es verdad que nadie en este país se encuentra seguro.

Al menos, es lo mínimo que puede decirse, frente a una imagen de la que no es posible hacerse el ignorante en materia del fuerte impacto que esta ofrece y el consiguiente mensaje que transmite a sus conciudadanos y ni se hable de los extranjeros que conviven entre nosotros.

Con razón entonces, que se hable de que hemos retrocedido en materia de inseguridad a los límites de un estado policial, cosa que el gobierno siempre ha negado, pero que ayer y con una sola foto, el mismo gobierno termina por darle la razón a sus críticos.

Porque, no es que un presidente de la República no se desenvuelva con su mínimo aparato de seguridad personal y de lo que todos estamos conscientes que debe de hacerse, pero que nuestro joven gobernante y que para pasar de un sitio a otro de Palacio tenga que ofrecer semejante despliegue, no es asunto que pudiese tomarse como algo baladí y sí que por lo contrario, retrata en toda su magnitud, la terrible falla de seguridad que se vive.

¿O acaso no abruma, que nuestro jefe de Estado y de Gobierno, se muestre y nos diga, que ni él se siente seguro en la Casa de Gobierno o no es ese el mensaje que se extrae de la foto susodicha?

Entonces y al partir de esta cruda realidad testimonial, que el mismo aparato de prensa y propaganda del régimen autorizara que se publicara y por más que se quisiera no darle la importancia requerida, nadie y lo recalcamos, no hay ese ciudadano que ayer no experimentara un fuerte escalofrío y mucho más, cuando en el territorio nacional hay zonas en ciudades y barrios y parajes no urbanos, donde ningún ciudadano se siente seguro y de ahí el toque de queda que tantos hogares experimentan y a cualquier hora del día o de la noche o recién no hubo el asesinato perpetrado por un policía joven de 23 años contra una jovencita de 15 años, que ha dejado a todo el mundo haciéndose las misma pregunta de tan mal que estamos, que hasta estos crímenes “aislados” habría que entenderlos como naturales en el ambiente que se vive?

¿También se negará, de que en la medida que la policía se relaja en su disciplina y agentes suyos dan visus de criminalidad organizada, es imposible no confirmar que grupos pandilleriles dominan amplias zonas en las que se desenvuelven los ciudadanos o lo sorprendente, de un cuartel general o palacio policial, donde los mismos “jefes” tienen que andar en sus pasillos armas en mano y vigilantes junto a sus “equipos” de su propia seguridad?

De ahí, que para nosotros el asunto sea extremadamente grave y viendo que la prensa subvencionada por el oficialismo, no le dé la importancia única  que esa foto testimonial proyecta y por la única razón, de que ya se ha llegado a unos niveles, en los que la mayoría de los ciudadanos no se sienten seguros ni siquiera en los mismos barrios y residenciales en los que viven y así y aunque se trate de refutar esta realidad, es evidente que en el subconsciente colectivo, hay la sensación de que la República está de rodillas ante la criminalidad y tanto la oficial como la criminal.

¿Tampoco se va a ignorar el agresivo comportamiento de las patrullas policiales contra la ciudadanía o el exceso de fuerza bruta que especialistas policiales “en imponer la ley” hacen uso y matando a diestra y a siniestra a quienes se les ocurra y como son los casos en la periferia de la ciudad de Santiago con agentes policiales que salieron expresamente de la capital a detener supuestamente a una banda de delincuentes y lo que no era cierto y que arrojara nada menos que cinco asesinados y que a menos de tres meses de la ocurrencia, la prensa complaciente haya sepultado ese hecho y como también ocurre con cientos de otros por toda la nación?

Frente a estos hechos criminosos concatenados y de los que es autor el mismo poder desbordado, es imposible que en el gobierno pudieran desmentir que en verdad los dominicanos vivimos dentro de un ambiente de inseguridad colectiva y que de tan fiero, hasta podría decirse que poco falta para que sea igualada esta violencia de gobierno con esa otra y bárbara, que originan las pandillas criminales en la capital de Haití.

Los dominicanos entonces y si nos vemos frente a este espejo y repetimos, por más que se quiera ocultar, estamos viviendo dentro de un clima de inseguridad de brinco y de espanto y de una magnitud tan significativa, que ayer, el mismo presidente Abinader demostró en su desplazamiento interno en el propio Palacio Nacional, que ni él es ajeno a la ola de terror criminal colectivo que azota.

Induciéndonos pues, a que preguntemos: ¿Y es una gobernabilidad segura y cierta, que el presidente de la República y para trasladarse de un lugar a otro de Palacio, tenga que ir acompañado de siete guardaespaldas? Con Dios. (DAG) 09.09.2026

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