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Un discurso apropiado para unas circunstancias que fortalecen el nepotismo, limpia el cuadro de aspirantes presidencialistas y da la oportunidad a Abinader de pretender reivindicarse, mientras la influencia de Hipólito se consolida y de ominoso trasfondo, hay un islamismo que acecha

Ayer, el presidente Luis Abinader concretó la devolución del favor y peso de influencia del expresidente Hipólito Mejía (2000-2004) que le permitiera llegar al poder presidencial en el 2020 y del que ahora se concreta como el discípulo más fiel y mejor preparado del, llamémosle «hipolitísmo» y este, como la fuerza política interna más importante dentro del PRM.

Por eso su discurso ante la matrícula dirigente del PRM, fue también uno de definición de limites precisos entre los aspirantes presidencialistas de cara a las elecciones del 2028 y la realidad política que Abinader y como herramienta de uso de Hipólito presenta y con miras de un nuevo tipo de reagrupamiento de fuerzas, en el que la disidencia no será tolerada de la forma de como hasta ahora se ha permitido.

Obsérvese que el Abinader que ayer se presentó ente la matrícula decisiva del PRM, no es aquel que fuera dos veces candidato presidencial triunfante sino el abre camino que ahora consolidará a la principal fuerza política y social interna y la que y por lo que se está viendo, va decidida a consolidar a la voluntad política y personal que se entiende en lo político el dueño de un partido político que nunca ha escapado de las manos del expresidente y quien en este sentido ha resultado determinante como la facción política principal y ya presentando cartas de credenciales como el verdadero poder tras el trono.

También habría que decir, que en lo que se refiere al gobierno, la influencia del expresidente como factor de fuerza para determinar funcionarios y calidades administrativas irá cónsono con la proyección de un Hipólito, que sabiendo que por razones biológicas el tiempo se le acorta, deberá dejar en puestos claves a sus principales válidos y que en cierta manera, viene siendo un retroceso institucional que consolidará el poder político decisivo de Hipólito Mejía como el caudillo partidario.

Puede que otros no hayan caído en la situación que esbozamos, pero cuando se recuerda aquella expresión del expresidente yendo en el auto presidencial después de haber concurrido a las exequias del expresidente Joaquín Balaguer y dicho al extinto médico William Jana, de que “ahora tenemos que ser los dueños del país político y mandar en él” y lo que corroboró llamando de inmediato al entonces legislador Hernani Salazar y diciéndole: “Hernani cuanto vas a costar mi reelección, cuantos hay que comprar en el Congreso?” Y recibiendo de respuesta: “Espera un momento y te aviso”. Entendemos, que los planes de Hipólito nunca se desviaron del camino que se propuso en los años dos mil y lo que ahora culmina con el discurso tan revelador, de un Abinader dando el paso pro-consolidación de este nuevo tipo de caudillismo y nepotismo que ayer saltó a conocimiento público.

Desde luego, también otros que desconocen la anécdota que relatamos, tendrán el viejo criterio de la política tradicional irruptora a lo PRD y de la que el PRM ha resultado el mejor discípulo, pero lo cierto es, que para quienes conocemos la mentalidad política del expresidente, no tenemos dudas de que ya se siente que ha terminado por consolidar su liderato interno y en lo que Abinader le ha resultado el mejor colaborador y esto, por la apetencia del presidente en ejercicio, de entender ahora, que mejor es retirarse del poder directo y dejarle esto a Hipólito, que tener un pulso con un Trump y quien via su embajadora, le está dando señales de que no le gustaría que se creyera que pudiera volver a ganar una discutible reelección.

Y esto así, porque en política, no solo lo que no se ve es importante y sí como las piezas de su ajedrez son colocadas y por un factor fáctico que nunca ha pensado ni actuado como dominicano. ¿Por qué sucede esto?, porque la clase gobernante (la mayoría extranjeros de origen dominicano) y desde hace 65 años, ha estado dando los pasos esenciales para reducirle los ímpetus a los ciudadanos dominicanos que no han cambiado de nacionalidad, aquellos hasta el año 1961, que tenían un sentido de la rebeldía patriótica que impedía que una clase política de desalmados pudiera entronizarse.

Pero ahora, el pueblo dominicano de los años setenta al presente, es uno que ha perdido la vocación y noción de la rebeldía social intrínseca y la que se pierde, cuando los valores patrios son eliminados y el concepto nación e idiosincrasia dominicana son desterrados, ¿o no ha sido por ello que en estos últimos seis años, el Escudo Nacional ha sido eliminado  de la propaganda oficial y todos los documentos públicos y sustituido por una cúpula bizantina que no representa a nadie y la que Abinader exhibe de manera insultante cómo atrevida?

Si este ejemplo lamentable se toma de parámetro, se entenderá por qué el dominicano ya no tiene voluntad de ciudadano siempre rebelde y contestatario y ha pasado a uno, genuflexo,  corrupto e idiotizado por la droga y los subsidios oficiales, ¿o no es por eso que el periodismo ha sido el primero en caer y manipulando y llevando a la nación hacia el terrible derrotero de un estado fallido al que los ciudadanos -ahora súbditos- se les ha borrado su historia y lo que estamos viendo en los amagos de cambios de hechos históricos importantes en los textos educativos para menores de seis a diez años y que de tan sorprendentes, hasta los mismos educadores e historiadores han sido agarrados de sorpresa y ahora y por vergüenza, ni se atreven a autocriticarse?

Estamos pues, ante una fase desintegradora de la nacionalidad, la idiosincrasia y la cultura dominicanas. Y el gobierno alentando la haitianización progresiva de la vida nacional, mediante el aliento de los dominicanos de origen haitiano (solo hay que ver la composición de los efectivos militares y policiales para comprobarlo) y el accionar empresarial y financiero alentando desde esa peculiar “base de datos” que es la inmigración dominicana de los años sesenta a EEUU y Europa, cuyos descendientes de dos y tres generaciones, no piensan como dominicanos y sí, el grueso principal, como estadounidenses de origen dominicano, que aspiran y con rigor casi dogmático, a que este país se convierta en un estado asociado de EEUU, mientras los europeos de origen dominicano y asociados a los haitianos de origen europeo (tercera generación)  y junto a los dominicanos de origen haitiano y los haitianos de origen dominicano, la mayoría insiste en hacer de las dos naciones que conforman la misma isla,  un nuevo estado islámico binacional.

La idiotez generalizada es tal, que ni dominicanos y menos haitianos han caído en esta realidad y nadie asocia la creación clandestina de cerca de diez mezquitas y madrazas en el territorio nacional y pronto, con el golpe maestro de inaugurar una gran mezquita en el centro del islamismo haitiano, en Verón, Punta Cana; creada con apoyo empresarial dominicano y muy cercanos sus dirigentes, con ese factor islámico tan alucinante, de colonización de nuevos territorios y naciones colapsadas y como está sucediendo en Europa, con países como Reino Unido, Francia, Alemania y la mayoría de los países englobados en la llamada Unión Europea, que de asociación comercial multinacional, ha pasado a ser la herramienta política eficaz de ese agresivo islamismo imperialista que azota a esas naciones.

Entonces, cuando todo esto se conoce y se hace una sola perspectiva, se entenderá por qué en este país de café con leche, la idiotez dominicana está haciendo lo necesario para que antes del 2050, la República desaparezca, salvo que ocurriera el fenómeno, de que en la medida que los dominicanos no continúen reproduciéndose, para el 2075, un nuevo factor hijo de la alta tecnología y que de aquí a cinco años lo tendremos en una manifestación primaria plena, los humanoides, sean quienes den la última palabra respecto a si las dos naciones isleñas deberán desintegrarse y ser una célula islámica y más propia de este nuevo imperialismo religioso de fanáticos, que ya azota.

Por eso y cuando de esta coctelera de ambiciones desatadas, la política criolla involuciona hacia un caudillismo renacido, por obligación hay que entender, que el discurso de doble cara de ayer, en el que Abinader plasma un derrotero inquietante como alucinante y disfrazado de la supuesta consolidación del ejercicio democrático, solo habría que decir, que la República está al tris de sucumbir ante sus más formidables como hasta hora ocultos enemigos.

De ahí, que si nos sacudiéramos del pensamiento manipulado, mediático, político y propagandístico, se debería de entender, que ayer y como quien no quiere la cosa y fríamente, se tuvo un discurso apropiado para unas circunstancias que fortalecen el nepotismo, limpia el cuadro de aspirantes presidencialistas y da la oportunidad a Abinader de pretender reivindicarse, mientras la influencia de Hipólito se consolida y de ominoso trasfondo, con un islamismo que acecha. Con Dios. (DAG) 07.09.2026

 

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