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¿Puede ser correcta una reforma constitucional en la que la sociedad, la ciudadanía, las fuerzas vivas y la sociedad civil no tengan participación? Abinader está muy equivocado

La democracia y en su esencia básica, es el concurso directo de todas las opiniones, variables de apoyo o disidentes y que al ser contrastadas producen el fundamento real y desde luego, con el apoyo del soporte cierto de una atrapada opinión pública que se manifiesta mediante todos los medios de comunicación y de información y por más tendenciados que estos se muestren y esto así, porque eso es la democracia, una consulta popular continua.

Pero lo mejor de toda consulta popular continua, se establece, desde el momento que un gobierno genuinamente electo y no que sus autoridades compraron la consulta electoral para generar un fraude electoral que cercenó de cuajo la libertad de escogencia de los electores, abre los espacios de opinión suficientes para que representaciones de todas las clases sociales y populares puedan manifestar su sentir o como desean el tipo de enmienda sobre la Constitución de la República que se quisiera.

Lamentablemente, los dominicanos tenemos más de cuarenta años en los que se han hecho diferentes proyectos de reforma constitucional, que, en la mayoría de los casos, no representan ni por asomo, el sentir de la sociedad y de la población.

Y este proyecto de reforma que el presidente Luis Abinader presenta y que se supone las cámaras legislativas conocerán a partir de esta tarde y ojo, no hablamos de Congreso Nacional porque en ese ámbito y en la actualidad no está representada la ciudadanía. Lo que se está viendo, es la voluntad totalitaria del presidente de la República y como cabeza de un partido político autoritario, el PRM, que en base a un fraude electoral descomunal tiene ahora una mayoría parlamentaria, que no representa en absoluto el voto popular que debió de ser emitido en febrero y mayo pasados.

En este plano, una fuerte mayoría nacional  no se siente representada por más del 90 por ciento de esos legisladores de a tanto millones de pesos por cabezas y quienes con el descaro propio del descarado y desvergonzado que hizo de todo para llegar a una curul, ahora desafían a la nación pretendiendo imponernos un proyecto de reforma constitucional que solo responde a lo que quiere el presidente Abinader y ni siquiera el PRM, que solo está de alcahuete de un proyecto de reforma claramente atentatorio de la existencia de un sistema democrático digno de llamársele de manera tan apropiada.

Aquí hubo una mascarada de elecciones en las que el gobierno saliente gastó más de 100 mil millones de pesos para afectar la libertad de escogencia de los electores  y cuyos resultados, manifestaron en patético silencio, el tremendo fraude electoral que fuera perpetrado: 52 de cada 100 electores no concurrieron a las urnas y de ocho millones de electores registrados, más o menos cuatro millones participaron y de los cuales dos millones y pico se entiende que fueron los votos obtenidos por el gobierno y su PRM y su candidato presidencial, Abinader.

Esa y no otra es la verdad del desastre atentatorio de nuestra democracia que ocurriera y que ya se muestra en toda su crudeza, en un país, en donde más del cincuenta por ciento de su ciudadanía rechaza las actuales políticas gubernamentales, que no solo no las representan, sino que las entienden propias del sistema político corruptor que el PRM instauró con renovados bríos desde el 2020 a la fecha.

Seguramente que quienes de nuestros lectores se identifiquen con el presidente, su partido y gobierno, pudieran demostrar cierto desagrado por lo que decimos, pero es que no se trata de nada personal y sí de la crítica objetiva del ciudadano que se sabe y se siente que fuera estafado por el gobierno pasado del mismo Abinader y del PRM.

Entonces y con semejante antecedente, ¿cómo, quienes nos apreciamos de ser ciudadanos serios y cívicamente responsables, podríamos aceptar un proyecto de reforma constitucional, que legal y legítimamente no representa la voluntad nacional y el que, por lo poco que se conoce, va en contra del estado de derecho y aplasta de manera inequívoca las libertades de opinión y de disidencia?

Para más escarnio, las autoridades ni siquiera guardan las formas, porque ya que tienen una mayoría parlamentaria mayoritaria y mecánica, ¿por qué no retarse así mismas y aceptar que desde las cámaras legislativas la ciudadanía y todos sus ámbitos de opinión pudiesen tener derecho a dar opinión y participar en los trabajos iniciales de pre discusión de la reforma y vía vistas públicas, de suerte que cuando la Asamblea Nacional Revisora se aboque a conocer la reforma en sí, los constituyentes tengan la opinión de las fuerzas vivas nacionales y de esta manera, comparándolas con las suyas, surja un proyecto de reforma  que pudiera ser aceptado por una gran mayoría nacional?

Y como si todos estuviéramos locos, colateralmente, el gobierno también se aboca a conocer una reforma tributaria, que tampoco no tenía por qué conocerse ahora y si en el gobierno hubiesen hecho un reajuste de presupuestos en función de una reingeniería del personal, con el que el gobierno ha abultado y de manera populista, la nómina pública.

¿Cuál es el palo acechado que el gobierno pretende para encarecer aún más el costo de vida? Aumentar los impuestos que afecten a la clase media, la población, los negocios de único dueño y determinados aspectos de la economía y lo que reducirá drásticamente el nivel y calidad de vida.

La verdad, no entendemos por qué el presidente Abinader quiere golpear a una ciudadanía que tan cobardemente cedió a todo cuanto quiso, mientras la mayoría del sistema mediático en manos de la alta burguesía se fue a favor de ambas eventualidades legislativas, no para de justificar las reformas que se pretenden y sí en su propio beneficio y de las que tímidamente, muchos entendemos que llegará un momento y al implementarlas, que afectará la gobernabilidad.

Realmente, consideramos que el gobierno debería detenerse y archivar ambos proyectos, por lo menos, hasta llegar a enero del 2025 y ya cuando los ánimos se encuentren sosegados y que es lo que cautelarmente, nos obliga a preguntarnos: ¿Puede ser correcta una reforma constitucional en la que la sociedad, la ciudadanía, las fuerzas vivas y la sociedad civil no tengan participación? Abinader está muy equivocado. Con Dios. (DAG) 07.10.2024

 

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