InicioEntretenimientoHecho en República Dominicana: el dembow, de ritmo marginal a fenómeno global....

Hecho en República Dominicana: el dembow, de ritmo marginal a fenómeno global. Verdadero retrato social

Qué sensación ella me causa cuando pasa por el bloque, quiero saber ‘onde ‘tá su casa, pa’ mañana llevarle flores”, así inicia la canción que sugiere Spotify en los comerciales a sus oyentes de Santo Domingo. Es noviembre de 2025 y se posiciona como la número 1 en la tabla de las más escuchadas de la plataforma en República Dominicana, tanto en las listas diarias como en las semanales.

Se trata de un dembow cantado por Jezzy El Chef y en poco más de un mes acumulaba 18 millones de vistas desde que fue publicado en YouTube a finales de septiembre de 2025.

En los colmados, las barberías e, incluso, casas de familia, colocan bocinas en las ventanas con este dembow hasta más de 70 decibeles.

Quienes la escuchan en su mayoría son menores de edad, los cuales se reúnen en alguna esquina para “disfrutar” del género. Esta escena confirma cómo el compositor de esta canción lo describe: “el dembow es como esa esperanza del barrio, la alegría en medio de tanta turbulencia”.

Canciones que, en sus palabras, reflejan lo que pasa en comunidades marginadas y que buscan no pegarse, sino “ver a la gente en los barrios y en todos los lados cantando la música de nosotros, bailándola, porque eso es lo que nosotros llevamos: el dembow, alegría”.

Todavía a altas horas de la noche resuena esta contagiosa música cuyos inicios se remontan a la década de los 90. Lo que comenzó con DJ Boyo y la pista de la canción “Dem Bow” de Shabba Ranks a una alta velocidad como base, ahora se extiende a otros países, colaboraciones con artistas internacionales y nuevas fusiones.

Aunque el origen del dembow y sus antecedentes continúan en discusión, sin dudas, “la República Dominicana le puso un sello único: el palabreo; le hemos cambiado también por los ritmos, algunos sonidos y eso ha marcado un precedente a nivel internacional”, según uno de sus mayores promotores, Santiago Matías “Alofoke”.

Para el experto de la música urbana, Alex Taylord, “el dembow necesita esa dominicanidad para sentirse dembow (…) tiene que tener esa cosmovisión del mundo que tiene el dominicano”.

¿Cómo se hace un dembow?

“El dembow se hace con pocas cosas”, explica Rafael Céspedes, cuyo nombre artístico es Mr. Manyao, uno de los primeros exponentes. “Con una buena computadora, un micrófono y esos sonidos están ahí creados, solamente hay que empatar y tener una buena lírica”.

Los chamaquitos de los barrios lo confirman. Con un programa como FL Studio basta. “Ya ahora mismo cualquiera te puede hacer un dembow. No es que sea fácil. Pero le están dedicando mucho tiempo en los barrios”, cuenta Pasquale Sorrentino, fundador de La Natural Radio, una plataforma de promoción artística y cultural.

Hoy en día los patrones musicales que tiene el dembow varían según el productor. Alex Taylord dice que es música electrónica, con elementos virtuales como la batería, el bajo, teclado y, a veces, hasta guitarra.

Mientras que en los videos, Sorrentino los identifica como “párate ahí”: así mismo como se hace la canción, así mismo se graban los videos. “O sea, el dembow viene siendo un género donde tú puedes grabar el tema el domingo, grabar el video el lunes y que salga el martes”, agrega.

Su principal característica: “el pueblo, la gente, la participación del que va cruzando”, según Mr. Manyao. “La poca inversión hace que se vea tan real, tan del pueblo, que se quedó ahí para siempre”.

“No es porque ellos no tengan el dinero suficiente para ir a un estudio, sino porque para ellos, grabar desde el barrio, es de dónde ellos han venido y eso también va creando un referente en niños y jóvenes de esos territorios que se visualizan en esa persona. Es un elemento que refleja la identidad de estas personas”.

De República Dominicana pa’l mundo

De sonar en barrios empobrecidos como Guachupita, Capotillo o Los Mina, el dembow pasó a conquistar colaboraciones internacionales. Enrique Medina, propietario de una agencia de comunicación y relaciones públicas, especializada en el mundo urbano, lo resume: “ha sido difícil, pero se ha logrado; porque por su popularidad rítmica, hasta los gringos lo bailan, aunque no entiendan lo que dice”.

Para el sociólogo Juan L. Brito, “el dembow es el principal producto cultural exportable que nosotros tenemos” ahora mismo. El género ha conseguido hasta entrar en reconocidos premios internacionales como categoría, tal es el caso de su estreno en 2025 en los Premios Lo Nuestro.

“Ha sido difícil, pero se ha logrado; porque por su popularidad rítmica hasta los gringos lo bailan aunque no entiendan lo que dice”, manifiesta entre risas Enrique Medina.

Alex Taylord atribuye esta internacionalización a la globalización. Pero para Santiago Matías “Alofoke”, si no existieran las plataformas digitales, el dembow realmente sería un género totalmente local. YouTube, Spotify, TikTok, Apple Music y demás, “son el motor de este género” y DJ Boyo, quien empezó a promocionarse con cassettes, CDs y fiestas, agrega: “las plataformas fueron las que hicieron que el dembow explotara”.

Letras y calle

Pese a su fama mundial, el dembow sigue cargando con un estigma: sus letras. Lo que algunos llaman vulgaridad, otros lo ven como retrato social.

Este género expresa lo que pasa en el barrio: drogas, promiscuidad, mujeres, deseo de dinero; cómo vive un pobre, sus aspiraciones, sus vicios y virtudes.

“Hace dos, tres años, tú no escuchabas alguna letra que hablara de drogas sintéticas. Y ahora sí. Si llegaron esas letras al dembow es que en el barrio están consumiendo, lamentablemente, ese tipo de droga…”, agrega Alofoke.

Algo íntegro desde el punto de vista de Alex Taylord: “he estado en contra de los antivalores, pero también tengo que admitir que si tú vas a hablar de lo que vives y tú vives delincuencia, lo más íntegro que puedes hacer es hablar de delincuencia”.

¿Un género pobre o rico?

El debate está abierto. “El dembow es un género de la pobreza”, dice el culturólogo Alfonso Quiñones. “No se utilizan instrumentos musicales. Es todo electrónico. Es puro ritmo. No hay melodía. Las melodías son de una pobreza terrible”.

Otros lo ven al revés. “Los chicos te hacen una base de dembow hasta con la boca”, dice Enrique Medina. “Estamos aquí y te chocan dos celulares y graban ese sample, han creado su propio sonido realmente”. De esa creatividad también nació su propio lenguaje: saoco, teteo, tigueraje.

No obstante, se ha convertido en un modelo a seguir o una salida fácil de la pobreza con pase rápido a la fama. En palabras de Juan L. Brito: “se ha convertido en un vehículo de movilidad social”.

La fórmula del éxito

Ritmo pegajoso, letras explícitas, energía y un BPM rápido. Esa es la receta que, según los expertos, define al dembow exitoso.

No obstante, Quiñones lo ve como “un movimiento desechable, una música efímera. Dura un mes, dos meses y ya, pasó. Viene lo próximo. Porque la industria necesita el reciclaje permanente”.

El espejo de una generación

Enrique Medina, quien día a día comparte con nuevos cantantes del género, ha notado que están cantando con este pensamiento: “simplemente para pegar, a mí no me importa lo que mis letras puedan influenciar, lo que me importa es el dinero que me pueda dar”.

En el negocio, Quiñones ve una industria que “pone dinero para que el género exista y se desarrolle”. No solo hay marcas detrás, sino también fuentes de dudosa procedencia. Aunque Taylord matiza: “el dembow ha sido el género musical que menos financiamiento del narcotráfico ha tenido. Precisamente por la vinculación de la calle que tiene y por lo que habla”.

Según él, el verdadero inversionista no es el empresario: “el inversionista real de un artista urbano es el pueblo que coloca la canción, que la asume como un éxito”.

Para Quiñones, más que causa, el dembow es reflejo: “la expresión musical artística que sale de las comunidades de bajos recursos es un reflejo de décadas de desamparo, pobreza, falta de desarrollo educacional y cultural, abandono”.

¿Y el futuro?

El futuro divide opiniones. El también periodista, Alfonso Quiñones, no le augura mucho recorrido. DJ Boyo, en cambio, lo tiene claro: “Han salido mil ritmos y mil formatos, le han quitado, le han puesto, pero siempre sigue el dembow; si vamos a una discoteca a vacilar, tú puedes poner salsa, puedes poner baladas, pero si no pusieron dembow, no hay vida”.

Del otro lado está Alofoke, quien mira hacia afuera: “Veo otros países grabando dembow”. Y Pasquale Sorrentino, un joven de 28 años que ha dedicado seis de ellos a la promoción de nuevos exponentes urbanos, lo eleva a algo más global.

“El dembow no solamente es una cruda realidad de nuestra sociedad, es una cruda realidad de nuestro mundo. El mundo está rápido, el mundo está que te ponen todo fuerte visualmente, tú ves muerte, mucha felicidad, todo en cantidad. El dembow es así: mucho en cantidad, mucha letra obscena, muy rápido”.

El dembow actual es ritmo, barrio, pantalla, deseo y resistencia. Es el pulso acelerado de una generación que no teme mostrarse tal cual es, aunque incomode. Y aunque cambien los nombres o los sonidos, su esencia sigue siendo la misma: la alegría del pueblo dominicano hecha beat.

Este reportaje forma parte del especial “Geografías del Ritmo, sonidos que nos hacen región” presentado por la 9na generación de la Red Latam de Jóvenes Periodistas y Distintas Latitudes. (LD-yadimircrespo / OJO)

 

RELATED ARTICLES
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS DE HOY

La represión policial es brutal e innecesaria y de continuar generará...

Desde que la nueva ministra de Interior y Policía, Faride Raful (dominicana de origen libanes) llegó al importante cargo público, se decidió por rescatar...

Mas Populares