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Mesenia: el problema de la sumisión

Siguiendo un viaje imaginario por el Peloponeso, vamos a recalar en la península más occidental. Se trata de Mesenia, de espléndida costa e interior, que fue conocida por ser la patria de Néstor, el héroe anciano de la Ilíada, rey de Pilos (su capital actual es Kalamata, hermoso puerto del golfo de célebres olivas). Sabemos que Pilos fue una ciudad palacial micénica, una de las maravillas que alberga esta región y donde la arqueología descubrió una gran cantidad de tablillas que han permitido estudiar la civilización de la edad del bronce conocida como micénica.

En esas tablillas, que contienen escritura en Lineal B, el silabario micénico, se atestigua el poder de Pilos y las características sociopolíticas de aquel mundo antiquísimo (s. XIII a.C.), acreditando una etapa primera de la lengua griega (junto con el chino, la más largamente consignada por escrito de la humanidad, durante unos tres mil años).

Pero Mesenia es conocida por ser un área que, en época clásica, estaba sometida al dominio de Esparta. Los espartanos conquistaron este lugar y sacaron de ella la mano de obra de su estado, formando una población semiesclavizada y sometida a explotación y a opresión. Los hilotas y los mesenios, unos directamente esclavizados y llevados la polis de Esparta y otros como habitantes de una región tributaria y sometida a la gran potencia del Peloponeso –la monarquía dual lacedemonia–, formaban la base de una sociedad oligárquica y militarista que basaba su poder en el uso de la violencia y la supremacía militar. Cuando llegó la fugaz hegemonía tebana, en el siglo IV a.C., con Epaminondas, los mesenios fueron liberados y se desató un debate en torno a ellos.

En ese siglo algunos filósofos de la política como Platón o Aristóteles, las grandes cabezas de las utopías y los sistemas posibles que pueden procurar una vida más plena en comunidad, criticaron el modelo espartano por su opresión, militarismo y violencia, pero lo alabaron por otras virtudes.

Por eso, se muestra que una sociedad abierta, y con una población realizada, será más rica y productiva que una cerrada, como estudió Karl Popper, que también evalúa la historia de las ideas clásicas para sacar partido hoy y mejorar la sociedad actual: y es que aprender de los clásicos es ponderar sus aciertos y aprender de sus errores.

Resultaba claro que una sociedad basada en la opresión y la virtud militar –que critica Platón en las «Leyes»– era inestable y acabaría en una revuelta o un cambio de régimen –la temida «metabolé» que estudia Aristóteles como el gran riesgo de toda constitución, democrática u oligárquica– por lo que una explotación de un grupo terminaría destruyendo el poder.

Es preferible el equilibrio sociopolítico, nos dicen los clásicos, la moderación de la polis, para una comunidad política en paz. La sumisión de Mesenia, económica, política y militar, acabó siendo un problema de filosofía política para antiguos y modernos.

Tanto Platón como Aristóteles justificaron el esclavismo en una sociedad y una economía antiguas que dependían de mano de obra esclava, y veían como «natural» la institución de la esclavitud, algo aberrante hoy día (aunque recordemos que su abolición ha sido reciente).

Pero los esclavos que el mundo helénico consideraba «naturales» eran no griegos, mientras que el sometimiento de una región griega, como Mesenia, chocaba con la idea de hermandad del panhelenismo que defenderán diversos intelectuales.

La situación de Mesenia tras su liberación fue el inicio de una fecunda discusión política, filosófica y retórica en Atenas sobre la base de si debía ser independiente. Se dio pie entonces a que se cuestionara por primera vez si la esclavitud era una ley natural (de la naturaleza o «physis») o si una mera convención («nomos»), en la típica contraposición sofística.

Alcidamante pronunció un discurso «A favor de los mesenios» para apoyar su libertad, del que se recuerda una cita en contra de la esclavitud: «La divinidad ha hecho a todos los hombres libres; la naturaleza ha hecho que ningún hombre sea esclavo».

Del otro lado, otro famoso discípulo del sofista Gorgias, Isócrates, conocido por lo demás por su defensa del panhelenismo, adoptó una postura pragmática, afirmando los derechos históricos espartanos sobre el territorio mesenio; aunque hay que decir que su discurso es una pieza retórica de ocasión, que pone en boca de un rey espartano todo el argumento. Seguramente su opinión era más humanista, conociendo el resto de su obra.

En todo caso, la discusión será muy fructífera en siglos posteriores. Mesenia como símbolo de este debate sobre la sumisión y la esclavitud frente a la autonomía y la libertad tendrán larga sombra en la historia de las ideas. (La Razon-david hernández de la fuente)

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