¿Puede Armengol presidir el Congreso?

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No tiene sentido que Armengol siga un minuto más como presidenta del Congreso. Es verdad que nos hemos acostumbrado a que se atropellen las instituciones y se politice la Administración, pero no podemos llegar a un nivel de deterioro en el que no importe la pésima gestión de la expresidenta balear y los oscuros vínculos de su gobierno con los amigos de Koldo.

A estas alturas es incuestionable la extensión de una trama que afecta directamente al Gobierno y a las autonomías que estaban gobernadas por el PSOE. La situación se complica día a día, porque el juez de la Audiencia Nacional señala que «la observación de las comunicaciones y la actividad operativa realizada por la unidad actuante han permitido concluir que estos intermediarios serían José Luis Ábalos y Jacobo Pombo».

Es verdad que el antiguo hombre fuerte del Gobierno y del PSOE no está imputado, pero sería muy grave que se acreditara que asumió el papel de intermediario. No parece que sea una de las funciones propias de un ministro. La situación de Armengol es insostenible, ya que se produjo un daño patrimonial a la Administración e incumplió su deber como presidenta balear.

El PSOE intenta extender el escándalo que le afecta para tapar sus miserias. El problema es que las polémicas medidas extraordinarias aprobadas con la excusa de la pandemia permitieron que empresas ajenas al sector sanitario e incluso sin actividad lograran beneficios multimillonarios a costa del sufrimiento de los españoles.

No hicieron una labor legítima de intermediación entre los fabricantes y los consumidores, sino que incluyeron sobreprecios escandalosos. Es curioso que muchas de ellas tuvieran una clara y evidente proximidad con el PSOE o el socialismo catalán. No hubo ejemplaridad, sino el lado más oscuro e incluso siniestro de un capitalismo salvaje y desaprensivo.

La ausencia de controles permitió que personas como Koldo, que ha demostrado su catadura moral, y sus patrocinados se hicieran ricos. En unos casos quizá se pueda demostrar la corrupción, pero en otros se constata la existencia de redes clientelares que han permitido favorecer a los amigos del PSOE.

Por ello, Armengol debería presentar su dimisión. Es bueno recordar, a mayor escarnio, que es farmacéutica. Por: Francisco Marhuenda [La Razón]