Siempre se ha dicho que los números no mienten y por eso siempre nos ha llamado la atención, que se hable sobre una persona que en el 1863 cuando el Grito de Capotillo, era un muchacho analfabeto y descalzo de 24 años y aun así los historiadores le dieron el titulo de general del Ejército y lo que por obligación y para quienes conocemos el dato y hacemos los cálculos de lugar, es evidente que el generalato no le cuadra.
Tal vez para cuando murió en el 1897, que tenía 58 años, pero no para cuando era un adolescente. Es decir, matemática y lógicamente, los años no cuadran y lo que nos dice, que hasta en la guerra de la consolidación de la independencia efectuada el 01 de diciembre de 1821 (recuérdese que la independencia de un país le sucede una sola vez y siempre de la metrópoli colonial que lo “descubriera” o que simplemente se adueñara).
El caso sería un simple fenómeno extravagante en época de limitaciones en el conocimiento inmediato de los hechos, pero que ahora en el 2026 a 163 años del “Grito de Capotillo”, todavía la historiografía dominicana registre el error, nos parece de una desmesura, que sencillamente, una mente culta nunca podría aceptar.
Y exactamente como hasta ahora siempre ha ocurrido con los hechos importantes de la llamada “historia dominicana”, en la que grupos conservadores del ámbito burocrático y los otros, de acaparadores de la tierra y estos últimos, a los que con exageración se les denomina “hacendados” y en alianzas con el cónsul francés de la época y funcionarios del gobierno haitiano, hicieron lo imposible y hasta lograrlo, que todo un grupo de jóvenes, en donde el de mayor edad tenía 23 años y el menor 15 y desde su grupo secreto “La Trinitaria” fraguaron y fueron el 26 de febrero de 1844 responsables de la separación política de Haití, la que por asuntos de geopolítica había sido anexada por 22 años y generando al día siguiente, con ese grito separatista efectuado en la llamada “Puerta de la Misericordia”, la consolidación de la declaración de la independencia de la República efectuada el 01 de diciembre de 1821.
Cómo se ha visto, el grupo conservador -que nunca aceptó la declaración de la independencia de la parte este de la isla- y lo que está testimoniado en la obra de Wenceslao Vega Bourié, “los documentos fundamentales del origen de la República”, ese grupo, reescribió la historia de aquellos hechos y distorsionándolos de una manera tal, que por milagro, el padre de la patria, Juan Pablo Duarte y Diez y los patricios trinitarios no han sido borrados de los anales históricos.
Sucediendo, que gracias a los pocos patriotas que se empecinaron en la lucha separatista, gracias a ellos, el 27 de febrero de 1844, le pusieron término a la ocupación haitiana y resurgiendo de nuevo la independencia nacional, ahora con el territorio denominado, República Dominicana y dejando atrás el nombre anterior e hijo de la naturaleza colonialista de entonces: “Estado Independiente de Haití Español “y cuyo autor intelectual fuera el patricio José Núñez de Cáceres y respaldado por la mayoría de los habitantes del Santo Domingo español y quién debió exiliarse a México, donde descolló como un gran y notable magistrado.
Para colmos, historiadores e intelectuales del pasado siglo XX continuaron relatando la historia dominicana de acuerdo con sus propios intereses y visión mezquina y también elitista y ciertamente racista, ocultando y como si fuera un estigma, que esta nación hubiese declarado del reino español su independencia y que es un hecho, que España nunca puso en duda.
Tanto así, que cuando el 18 de marzo de 1861, el presidente y general Pedro Santana proclamó la reincorporación de la República como colonia por nueva vez de España e históricamente, dando termino al periodo denominado de la primera República (1844-1861)
Ocurriendo a lo inmediato, el nacimiento y despertar del espíritu dominicanista que consolidó la nacionalidad de los habitantes de la parte oriental de la isla de Santo Domingo, conocida desde los tiempos del llamado descubrimiento como Quisqueya (la tierra más bella) o Haití (tierra de montañas).
A este día y en el año 1863 se declaró la llamada guerra restauradora, que fue una de esquema de guerra de guerrillas, una estrategia que las tropas españolas no estaban habituadas y en ese lapso hasta 1865 cuando terminara, los mismos militares, generales e historiadores españoles entienden, que se debió, no tanto a lo que relata la historiografía dominicana de que supuestamente todo se desarrolló en el Cibao, sino que el mismo ministerio de Defensa español y en la historia escrita por el general Luis Alejandre Sentis, “Dominicana: la anexión frustrada (1861-1865)” reconoce, que solo en la zona hoy conocida como Punta Cana, el ejército de ocupación español experimentó 18 mil bajas y que es un hecho histórico que los historiadores dominicanos se niegan a reconocer y por un asunto clasista y básicamente, porque para ellos, fue en el Cibao el origen de la guerra restauradora y dos años luego, la derrota de las tropas de ocupación y nunca en ninguna otra parte de la República y mucho menos, gracias a las guerrillas de puro pueblo, que como insipiente Ejército dominicano enfrentaron valientemente a las tropas de ocupación españolas.
Por eso y de ese relato mal contado, es que la historiografía criolla presenta a un muchacho analfabeto y descalzo como lo era el campesino, Gregorio Luperón, como la supuesta “primera espada de la Restauración” y sin querer entender, que era a un adolescente de 14 años, al que se le presentaba como “un general” vencedor.
Desde luego, no es nuestro interés desmeritar al guerrillero Luperón, hombre valiente, dominicanista y de pelo en pecho, sino hacerle ver a los lectores, que en este punto de la guerra restauradora, nuestra historia tiene vacíos que deben ser llenados y corregidos y para que las generaciones actuales como las futuras, tengan una correcta visión de los hechos que en verdad sucedieron.
Ahora a más, cuando se descubre y ahí las denuncias reiteradas de la pasada semana, que la historia que se le enseña a los niños y adolescentes, es una totalmente divorciada hasta de la realidad de lo escrito por los historiadores tradicionales y lo peor, anulando a nuestros héroes y colocando en su lugar a individuos provenientes de Haití y en un intento más por anular nuestra historia, idiosincrasia y costumbres y cuya gran culpa recae e inequívocamente, en el actual gobierno del presidente Luis Abinader y su PRM, el primer gobierno dominicano que aboga por la haitianización progresiva de la vida dominicana.
¿Se entiende por qué decimos y preguntamos, que si Luperón nació en el 1839 y para el inició de la guerra restauradora (1863) tenía 24 años. ¿Cómo es que para esa fecha, los historiadores dicen que era general y no para cuando murió en el 1897 y teniendo 58 años? Con Dios. (DAG) 16.08.2026





