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Tuvo que ocurrir lo del sábado en Polonia y para darnos cuenta de que nunca hemos tenido una democracia real y sí una mascarada de partidocracia en base a la manipulación del voto de las mayorías y lo que definitivamente hay que extirpar

Las personas y a nivel de sociedad política y en todo el planeta, nos hemos caracterizado por crear determinados tipos de conducción de gobiernos que se tipifican, unos, por ser supuestamente democráticos en función de la manipulación de las mayorías parlamentarias; otros, porque abiertamente son unipersonales y generalmente totalitarios y los menos, al ser reductos del viejo caudillismo ancestral pero evolucionado como dirección colectiva y con un pensamiento y accionar vertical; tribales al completo.

Los primeros son supuestamente parlamentarios, donde el poder del Estado descansa en la representación de un presidente, mientras el de Gobierno en un primer ministro. Otros, son presidencialistas en los que los dos poderes descansan en una misma persona y partido y los menos, en gobiernos absolutamente autoritarios de vocación totalitaria abierta en donde las decisiones las toma el partido y el gobierno dirigido por una personalidad fuerte.

También existen y como recordatorios del pasado sangriento, de monarquías, que como la inglesa, es una  insolentemente sangrienta que ha tenido que replegarse y funcionar como la madre honoris causa de todos los totalitarismo modernos, al tiempo que hay remedos de gobiernos de familias con vocación dinástica y los demás absolutamente menos, de gobiernos totalitarios y autoritarios de poder unipersonal absoluto o como poder plutocrático y los ya paulatinamente dejados a un lado de los oclocráticos o gobiernos de la muchedumbre y con su mayor exponente nacido en la revolución francesa.

En base a esas diferencias de forma y de fondo, el ser humano y desde la tribu a las sociedades de hoy, ha tratado de saber conducirse y ser un exponente más o menos correcto de las apetencias y las ambiciones humanas.

Sin embargo hay matices y estos están determinados por las variables de criterios sobre lo que debe ser la conducción de un país, una nación o un pueblo y por lo que al final, nunca ha habido sociedad perfecta que se sepa administrar y sí intentos fallidos, que ni por mucho se acercan a la sentencia aquella de “gobierno del pueblo y para el pueblo”.

Aún así, siempre en lo más íntimo de la naturaleza humana, los hombres y las mujeres han entendido que sí dominaran sus pasiones y emociones, tal vez pudieran llegar a hacer un buen gobierno y el que siempre y no importa el esquema de conducción, será “más o menos democrático ó más o menos autoritario”. Pero el despotismo como el nepotismo son el cáncer que los deforma.

Recién ocurrió el pasado sábado en Polonia que el primer ministro y como jefe de gobierno quiso controlar al Poder Judicial vía el Tribunal Constitucional y a lo que con toda razón se opuso el presidente del país centro europeo y que es controlado por el jefe de Estado como presidente.

Y en este contencioso supra institucional, agravado por esa manera de gobierno colectivo sin representación legal y legitima representado por una administración colectiva de burócratas, que entiende, que mediante la ficción de crear un ente superior a todos los gobiernos y todos los Estados, la Unión Europea, puede perfectamente despojar via secuestro, las soberanías de los países y los mandatos de sus gobiernos.

A partir de esta realidad, democracia y totalitarismo se mantienen en una lucha constante por cada uno imponer sus hegemonías. Lucha, que está signada por el control más o menos efectivo o más o menos totalitario de los grupos económicos y financieros de conducción global, quienes al final, dictan las normativas mediante las cuales, gobiernos “democráticos” se rigen e imponiendo otra variable de dictadura o tiranía solapada de corte plutocrático.

Todo comienza con elecciones supuestamente libres y abiertas de supuesta base de representación popular, dirigidas y manipuladas por los gobiernos y sus instrumentos de acción, los partidos políticos constituidos en una tiranía partidocrática, que impide el libre albedrío ciudadano y que impone una especie de “dictadura democrática” con un presidente de comportamiento y conducción totalitario y favorecido por un amplio culto hacia su personalidad y gracias a la mentalidad de esclavos y de tanta gente, que todavía no aprende a ejercer su libertad de escogencia y menos su ejercicio de participación colectiva en el gobierno de su nación.

De ahí que no haya diferencias reales entre uno y otro gobierno y solo matices y en la manera de manejar y controlar a los ciudadanos y estos, como el rebaño al que ellos mismos quieren pertenecer. Así se tiene y para citar casos, de un Bukele, que es un autoritario en el exacto sentido del término y que no lo esconde o un Abinader, que se disfraza de demócrata para ejercer una dictadura partidaria encubierta de corte personal.

Al mismo tiempo, en el continente americano, los gobiernos son tutelados por la tiranía continua de una democracia parlamentaria hija de un poder imperial, EEUU y del que como ya hemos visto, enormemente desgastado en su funcionamiento y práctica, que ha sido sustituido por un presidente de personalidad fuerte y ego desmesurado, que tanto mata a otro como que enaltece al que en su momento quiera subyugar.

Es decir, se tiene la naturaleza humana en su expresión más cruel e hija esta de la falta de formación política institucional. Por eso la sociedad está dividida y ante su fracaso institucional se refugia inventando chivos expiatorios y siempre tomando de pretexto a la mano de obra barata extranjera que ya en el territorio nacional, es una que no se integra y por la falta de incentivos económicos tangibles que justifiquen que la familia es el centro de todo.

En definitiva, hay que reconstruir los sistemas de gobiernos, pero institucionalmente y no de la manera aleatoria de un Bukele, que se presta como agente embaucador disfrazado de seudo potencia militar para invadir otro país con el pretexto de que este se ha vuelto inmanejable por sus pandillas y las que son hijas del afán de lucro de su alta burguesía y la incompetencia de su clase política y teniendo detrás, el respaldo sin reservas de la castradora voluntad imperial que desde Washington se proyecta como lo peor de lo peor en materia de tiranía colectiva y en estos tiempos, de fracaso absoluto en materia de gobernabilidad.

O el otro caso dominicano donde paradójicamente, la dictadura de Trujillo fue más funcional en lo económico y en lo de gobierno y dándole a la gente lo único que esta quiere, paz, progreso, orden y civilidad. Mientras los gobiernos democráticos nunca han sido tales y menos el actual, que es el sumun de la degradación absoluta en lo más infuncional en materia de gobernabilidad y marcado por un grado absolutamente bestial de corrupción a gran escala, que aún no le ha llevado a su caída, porque se ha usado el poder para degradar la moral personal, imponer la corrupción como arma de Estado y hacer de la llamada “sociedad civil” el instrumento vil, que en base al periodismo panfletario, manipula abusivamente a la población.

Mírese sino esta realidad cruda, que ya los golpes de Estado no los dan militares contra el gobierno y sí el mismo gobierno contra el Poder Legislativo e inclusive arrastrando al  Poder Judicial con el pretexto de que el Ejecutivo tiene el control de la mayoría legislativa o parlamentaria y convirtiéndose en el refinamiento de la autoridad constitucional sublevada contra sí misma.

Cuando se llega a esta realidad, entonces se entiende, que si no se quiere llegar a la anarquía absoluta se debe rescatar a un país cuyos ciudadanos no son tales y si siervos adormecidos por el vicio, la droga, la prostitución, el saqueo de sus propios recursos y la corrupción más infame como degradante e hija de los grupos económicos, financieros e industriales, que tienen a la República como su objeto de robo y saqueo y a los dominicanos, como sus esclavos más entregados.

Suficiente para que digamos, que tuvo que ocurrir lo del sábado en Polonia y para darnos cuenta, de que nunca hemos tenido una democracia real y sí una mascarada de partidocracia en base a la manipulación del voto de las mayorías y lo que definitivamente hay que extirpar. Con Dios. (DAG) 02.11.2026

imagen: https://www.instagram.com/p/Db29s1dHdA1/ contrapeso panamá

última actualización: 11:32 am.

 

 

 

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