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Los efectos sociales de dos terremotos convertidos en armas de disuasión y agresión política

Uno en Venezuela y el otro en Colombia y los dos con una terrible carga de aniquilación de todo lo anterior y como mecanismo de agresión oculto y oportunista para sus respectivas clases políticas.

Por el de Venezuela, el país aumentó su desequilibrio institucional interno desde que su presidente fuera derrocado y secuestrado mediante una operación punitiva militar de EEUU cuyo presidente estaba interesado en apropiarse de la riqueza petrolera del país y al tiempo de aprovechar las rivalidades políticas y empresariales para convertir de hecho, a un país independiente, a lo más parecido a una colonia de una potencia global.

Y que ocurrió, porque previamente el grupo gobernante en aquella nación, dividido entre sus principales cabezas, decidió vender al presidente Nicolás Maduro a cambio de que momentáneamente EEUU no los expulsara y agrediera y haciéndolo con desprecio absoluto a sus propios intereses e individualidades y pactos propios asumidos por un gobierno autoritario que tiene más de veinte años en el poder.

De esta manera, los grandes beneficiarios de este desastre institucional fueron el presidente de la Asamblea Nacional, su hermana la vicepresidenta en ejercicio y el super ministro de Interior, quienes al darse cuenta de que una lucha interna no haría los efectos necesarios de eliminar a sus otros competidores, pactaron entre sí y con el mayor descaro unieron sus esfuerzos para traicionar al presidente y el que ahora guarda prisión en una cárcel federal en Nueva York y quien no saldrá de ese apresamiento irregular, hasta que ceda en lo institucional, todo lo que el presidente agresor estadounidense así quiera.

Entonces y cuando más o menos las cosas parecía que comenzaban a encarrilar una entente débil pero pragmática, ocurre el devastador terremoto por partida doble, que le dio pretexto a todos los lideres en pugna para negociar mejores cartas con su amo estadounidense y el que vio como un regalo del cielo un terremoto por partida doble que le quitaba todos los pretextos para apoderarse del país y sus recursos y sin oposición alguna.

A estas alturas, los venezolanos, que no habían sido capaces de reaccionar a la tremenda crisis que en cierto modo sus irresponsabilidades ciudadanas ayudaron a crear, se debaten ahora entre si es mejor ser sirviente de EEUU que independiente en su país y el que a este tiempo ha perdido todo atisbo de soberanía.

Así que, hay acercamientos calculados con los grupos opositores y todo supervisado por la ley del garrote estadounidense, que aparenta, que habría que hacerle una barbaridad para sacarle del control que ya muestra y férreamente.

Generándose entonces el beneficio no calculado para todos, en cuanto a que si se saben manejar pactando a lo interno dentro de lo posible y con cierta destreza frente al amo estadounidense, al final, Venezuela pudiera emerger como una nación, sí sojuzgada pero con menos influencia brutal estadounidense y de lo que ya mismo los observadores de la situación dudamos que pudiera lograrse y no porque los venezolanos no se empeñen y sí porque el autócrata gobernante estadounidense no le de la gana de hacer algún pacto que pudiera disminuirle el control que ya tiene y que obtenido todo sin grande esfuerzos, ha hecho suyo.

Entonces y cuando todo el mundo estaba atento a los pormenores de la tragedia institucional venezolana, estalla en Colombia, país limítrofe con Venezuela, otra muestra de lo fiera que la naturaleza también puede ser, estallando en el centro del país, un terremoto, que prácticamente se ha llevado de paro a un gobierno, que para su primer día de trabajo, su presidente no había podido conformarlo.

Diferente al país veneco, Colombia cometió el suicidio político de elegir de presidente a un individuo, que antes que colombiano es ciudadano estadounidense y para más señas, aliado extravagante de Trump, quien de pronto se ve como Dios le ha beneficiado, dominando sin mucho esfuerzo, un país y ahora acorralando a este otro.

Deduciéndose y frente lo que se ha visto, que si brutales fueron los terremotos en el país vecino, alarmante el ocurrido en suelo colombiano y mucho peor sus efectos políticos, desde que al primer momento, el nuevo presidente decidió no autorizar ningún tipo de ayuda humanitaria extranjera compuesta por brigadas de expertos en rescate, pero sí aceptando la ayuda estadounidense, la que y sin pedirle permiso, antes de doce horas de ocurrido el fenómeno ya se iniciaba en su propio territorio y en cierta manera como ejército ocupante.

Tenemos entonces, un gobierno nuevo que no había podido instalarse y reorganizarse, cuando ya el compromiso de su presidente con su patria estadounidense, daba el indicador de que con esta nueva administración, Colombia va a experimentar un nuevo tipo “manejable” de dominio extranjero y de aprovechamiento gradual de sus recursos y al tiempo de hacer del ejército colombiano su fuerza de choque en lo militar y en data e inteligencia, para que EEUU tenga una cuña en Latinoamérica,  que facilite su porfiado interés de hacer de esta parte del continente su patio trasero efectivo y al obtener “alianzas de campo” con la mayoría de los gobiernos de sus diversas repúblicas.

De esta manera, el nuevo terremoto le ha resultado a EEUU lo más oportuno para apretar el cerco ante la nada amistosa Latinoamérica y mucho más, cuando ya controla a la mayoría de las islas-estados en el Caribe Central y lo que significa, control total de las rutas marítimas. Compruébese, con el hecho, de que el gobierno vasallo dominicano le ha cedido su soberanía en materia de uso de las aguas territoriales y su espacio aéreo y en cierta forma, teniendo libertad operativa para que las tropas del Comando Sur ocupen su territorio y como en efecto se vio meses atrás, haciendo uso de los principales aeropuertos y entre ellos el principal militar y como mecanismos de reposición en abastecimiento y colocación de tropas inmediatas.

Al presentarse este esquema nuevo de dominio “moderno” mediante la Ley Monroe y al parecer, definitivamente, EEUU se apresta a controlar a Latinoamérica vetando toda presencia extracontinental que pretenda usufructuar los recursos naturales que Washington entiende que son “suyos”.

Incluso, ahora mismo creemos que Trump debe estar rogándole a su suerte que haya un nuevo terremoto, digamos, en toda la isla de la Hispaniola y para que entonces se le presente la oportunidad de realmente controlar el Continente sin ningún tipo de duda ni de oposición.

Pues en cierta manera y con lo ocurrido en materia de fenómenos naturales; en la Casa Blanca y en el Pentágono nunca pudieron imaginarse que paralelo a su terrible y vergonzosa derrota militar en Irán y Medio Oriente, ahora y de compensación, EEUU obtenía el control y dominio absoluto de un continente, que a decir verdad, nunca ha sido del todo suyo.

Y que es también la razón por la que decimos, sobre los efectos sociales de dos terremotos convertidos en armas de disuasión y agresión política. Con Dios. (DAG) 17.08.2026

imagen: https://www.facebook.com/noticiaahora.pr/posts/estados-unidos-activar%C3%ADa-una-estrategia-militar-m%C3%A1s-intensa-en-el-caribe-enfocad/1357893239873067/

última actualización: 10:15 am.

 

 

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