Es normal asumir que tenemos un muy buen conocimiento de las cosas con las que interactuamos o de las que somos testigos regularmente. Sin embargo, cuando se nos pide que demos una explicación detallada de cómo funciona un mecanismo o un objeto, esa ilusión puede desaparecer rápidamente.
La brecha entre nuestra percepción de lo que sabemos sobre un tema y nuestra verdadera capacidad para explicarlo ha sido estudiada por psicólogos de la Universidad de Yale. Sus experimentos revelaron que las personas a menudo tienen la tendencia de sobreestimar su comprensión de mecanismos específicos.
La teoría corrobora una idea bastante popular que se le ha atribuido a Stephen Hawking durante muchos años: «No basta con no saber algo, el problema es cuando asumimos que sabemos algo cuando en realidad no lo hacemos».
La diferencia entre ‘conocer’ y ‘saber explicar’
En el año 2002, Leonid Rozenblit y Frank Keil realizaron un experimento que fue publicado en la revista «Cognitive Science«. El estudio investigó la noción conocida como «la ilusión de la profundidad explicativa».
Los experimentos fueron realizados para evaluar el grado de la capacidad de las personas para estimar adecuadamente su propio conocimiento. Para cumplir con este objetivo, los participantes tuvieron que calificar el grado en el que conocían ciertos objetos y mecanismos.
El punto crítico fue que se les pidió a los participantes que explicaran en detalle como funcionaban algunas de esas cosas. Y los resultados resultaron ser bastante sorprendentes, ya que el nivel de la confianza de los participantes bajo significativamente después de intentar explicar las cosas paso a paso.
Cuando lo cotidiano deja de parecer tan sencillo
Como lo señala Yale, la dificultad aumenta a medida pasamos de reconocer algo a explicar cómo funciona. Es posible saber cómo emplear un mecanismo sin saber cómo describir los elementos que lo componen, así como el orden de estos elementos y su interacción.
Uno de los experimentos requirió que los participantes, volvieran a evaluar la cantidad de conocimiento que poseen acerca del mecanismo después de intentar explicarlo. La estimación disminuyó drásticamente cuando se dieron cuenta de lo que no sabían. Esto ayuda a identificar la diferencia significativa entre saber utilizar algo y comprender cómo funciona.
Los científicos también llegaron a la conclusión de que este fenómeno no sucede exactamente de la misma manera en todas las áreas del conocimiento. Hubo áreas, donde la cantidad de información memorizada era bastante alta y en caso de justificar la respuesta existían pequeñas diferencias. Por ejemplo, la identificación de las capitales de varios países no resultó en la misma caída del nivel de confianza que la explicación de cómo funcionamiento de un mecanismo.
También, se tomaron en cuenta fenómenos naturales como las mareas o la formación de un arcoíris. Al intentar dar una explicación de estos procesos, las personas podrían darse cuenta de que su conocimiento no era lo suficientemente completo.
Cuando los detalles ponen todo a prueba
Otro factor importante que contribuye a este proceso es lo fácil que es confundir el hecho de saber sobre el algo con su comprensión.
El simple hecho de ver el mecanismo del dispositivo puede hacernos creer que entendemos el proceso de su funcionamiento. Pero, la realidad es que nuestro cerebro puede mantener la imagen general pero no recuerda todos los pasos necesarios para la descripción del proceso.
Por lo tanto, cuantos más detalles se nos pidan al explicar algo el más fácil será detectar los límites de nuestro conocimiento.
La investigación muestra que esa ilusión puede tener algún valor práctico. Si supiéramos todos los detalles del funcionamiento de todos los objetos que usamos en nuestra vida diaria, pasaríamos demasiado tiempo haciendo algo que es innecesario.
¿La frase pertenece realmente a Stephen Hawking?
Si bien la cita se le atribuye comúnmente al físico Stephen Hawking, su origen en realidad es muy controvertido. Según el estudio citado por la revista Science & Vie, la cita proviene del historiador estadounidense Daniel J. Boorstin. Puede encontrarse en su libro titulado «The Discoverers» escrito en 1983.
La atribución a Stephen Hawking parece haber surgido mucho más tarde en el año 2001 en un periódico de Oklahoma. Así que, a pesar de que la cita se distribuye comúnmente con el nombre del conocido físico británico Stephen Hawking, no hay indicios de que él la haya originado.
Más allá de la identidad de la persona que acuñó el término, existe un problema muy interesante relacionado con nuestras percepciones también. La capacidad de reconocer un objeto y su finalidad no implica el conocimiento de todos los procesos involucrados en el funcionamiento del objeto. (La Razón- andrés galvez)






